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   Jueves, 23 de Noviembre de 2017
Opinión 
Edición: 1117 - Fecha: 24 de Sep, del 2007
Un nuevo poder

La sucesión presidencial fue resuelta por el Presidente Nestor Kichner, en la intimidad y recae en la figura de su esposa. Esto da lugar al nacimiento de un cuarto poder: el poder de la alcoba.

     La sucesión presidencial fue resuelta por el Presidente Nestor Kichner, en la intimidad y recae en la figura de su esposa. Esto da lugar al nacimiento de un cuarto poder: el poder de la alcoba. Se trata de una medida que privatiza la política y deja a un costado el sistema de partidos políticos ¿Tendremos mientras dure esta instancia un Poder Legislativo, Judicial, Ejecutivo y también el de Alcoba Matrimonial?

     La imagen presidencial se ha ido detereriorando frente a la ciudadanía por la corrupción, la inflación, la inseguridad que genera furia e impotencia. Estas situaciones y muchas más, han dado lugar a su declinación y lo obliga a buscar apoyo en los sectores populares y de distintas franjas medias.

     Su accionar agresivo, acompañado con los cánticos que se originan en los actos del conurbano como “ Y pegue Néstor, pegue...” , llega bien a los sectores populares, mientras que la clase media, acostumbrada al consumismo, se ve afectada por la inflación, generando una pérdida de simpatía por el estilo imperante . Es dable recordar que desde su inicio Kirchner tuvo la precaución de no producir un cambio económico de la noche a la mañana. El éxito que alcanzó tiene que ver con la mejora que en sus comienzos se percibió respecto a diciembre del 2001 mes que marcó el punto crítico de la crisis. Los argentinos como siempre ha sucedido, frente a un grave hecho en la historia política, clausuran su memoria hacia atrás. El contrato no se ha roto con los sectores populares, pero va perdiendo aceptación en las capas medias.

     La dificultad de una administración eficaz ha permitido la aparición de una dudosa figura en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, se trata del ingeniero Mauricio Macri, quien llega al poder gracias a la creencia del éxito obtenido en el mundo privado, con el convencimiento que también lo conseguirá en la administración pública. Pero esto deberá demostrarlo, no es lo mismo conducir una lancha que un trasatlántico.

     En la actualidad se ha perdido el sentido del acto eleccionario. Antiguamente los votantes se ilustraban con gran interés sobre las propuestas de los distintos partidos políticos, los candidatos eran los auténticos actores de la contienda electoral, se los escuchaba, se leían sus propuestas, se analizaba la oferta. Luego, en el cuarto oscuro, se decidía a quien votar. Los ciudadanos ejercían con sentido altruista, el derecho al sufragio.

     La política argentina siempre se caracterizó por la incapacidad de buscar el consenso, primó el ego, nunca se escuchó a la oposición, que no depuso su lucha en búsqueda del poder ni buscó colaborar con el sistema elegido en pos de un digno futuro -como sucede en los países desarrollados- tratando de entorpecer con burdas críticas el proyecto del gobierno. La búsqueda de consenso es un encuentro, un reconocimiento con el otro.

     Más tarde vendrán fraudes, golpes de estado, proscripciones, abstenciones, voto en blanco y otra anomalías que atentarán contra el real sentido de la democracia. En los tiempos que vivimos, hemos perdido el verdadero rumbo de la política, ni siquiera se sabe cual es el auténtico partido que gobierna, la palabra “plataforma” se halla en el rincón del olvido cubierta de telarañas. Los dirigentes se degradan y más que gobernantes se buscan candidatos de gestiones. En sus discursos los políticos toman como referente a un solo personaje al que consideran hacedor de la nueva Argentina y dejan encerrados en el cajón del recuerdo a los próceres y a las ideas que enunciaron.

     Los ciudadanos ya no votan con la mente, si no con el estómago. Se mueven por simpatías, resentimientos y necesidades, las propuestas y las plataformas electorales pasaron a la historia, quedaron en el recuerdo de las clases de Instrucción Cívica. El acto eleccionario ha perdido racionalidad, esto se debe a una política centrada en candidatos que no tienen una trayectoria capaz de ser identificada, consideran superfluas las instituciones, se creen autosuficientes.

    La Argentina vive una época extraña, desconcertada y desconcertante. Una democracia formal, que cumple regularmente con el ejercicio del voto e instala por lo tanto gobiernos legítimos, pero unidos en la vida cotidiana a un aparato judicial venal, intereses económicos, Congreso inoperante, fuerzas de seguridad corrompidas y violentas y un gobierno que persiste en vivir a espaldas a la realidad y llega a buscar su sucesión en la intimidad de la alcoba Este accionar configura un epitafio a la dimensión pública de la política. Las situaciones planteadas, lleva a preguntarnos ¿vivimos una real democracia?. Creo que el incumplimiento de las promesas electorales, sus actividades a espalda de la ciudadanía, su incapacidad, cobardía política, deshonestidad y desidia, nos alejan cada vez más del destino promisorio y democrático que el país merece.

    Guillermo Vadillo

 

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