San Miguel   BUSCADOR
  T.19° H.94% S.T.21°       
Opciones Avanzadas
 
   Domingo, 19 de Noviembre de 2017
Opinión 
Edición: 1104 - Fecha: 3 de Sep, del 2007
Entre San Miguel y Macondo

Cuarenta años después volvió a fascinarme Gabriel García Márquez por esa agudeza con que en Cien Años de Soledad capta la realidad latinoamericana. Una obra que no envejece y parece hacer en cada página continua ostentación de actualidad. Basta con recordar un breve diálogo entre Aureliano Buendía y el coronel Gerineldo Márquez y compararlo con la realidad local para darnos cuenta de su permanente vigencia:

     - Dime una cosa, compadre: ¿por qué estás peleando?

    - Por que ha de ser, compadre – contestó el coronel Gerineldo Márquez -: por el gran partido liberal.

    - Dichoso tú que lo sabes- contestó él – Yo, por mi parte, apenas ahora me doy cuenta que estoy peleando por orgullo.
La cita me resultó cautivante. Pero la reflexión se produjo cuando paseando por nuestro amado San Miguel noté que desde los afiches que profusamente tutelan la ciudad en este período pre electoral sonríen, tratando de convencerme, los más dispares candidatos… todos del mismo partido.

     Las ideologías fueron prominentes en el siglo pasado. Quisieron ocupar el lugar de la religión y tuvieron, como cualquier grupo religiosos, sus conversos, fanáticos, predicadores y herejes. Pero fueron envejeciendo y, luego de la caída del muro de Berlín, fueron sentenciadas a muerte por la posmodernidad porque su caducidad se hizo demasiado evidente. Si las ideologías dominantes en el mundo - capitalismo y comunismo - y sus permanentes controversias perdieron vigencia y se vaciaron de contenidos, lo mismo sucedió en el ámbito nacional.

     Los partidos políticos tradicionales fueron perdiendo fuerza y sus ideas se estacionaron en el tiempo. Lentamente, tal como sucede con todos los mortales, fueron invadidos por una artritis ideológica y una demencia senil que finalmente los dejó anquilosados, momificados en un pasado que nada tiene que ver con este angustiante presente de hipercomunicación celular y forzada globalización. ¿Qué tiene que ver el mundo del Hipólito Irigoyen de la década del veinte o del Juan Domingo Perón de la década del cincuenta con este complejo mundo globalizado, neoliberal, capitalista y posmoderno del nuevo siglo?

     El vaciamiento general de ideas y la falta de agiornamiento de las estructuras partidarias unidas al creciente pragmatismo de un mundo que reniega de las ideologías y se satura de frivolidad hizo que perdieran rápidamente, a pesar de las muchas declamaciones, sus banderas tradicionales. En el presente los nombres, que siempre se enarbolan como banderas, apelan más a la emoción que a la vigencia de sus ideas.

     Esto fue más que notable cuando vimos que bajo una misma bandera partidaria incomprensiblemente podían coexistir desde la extrema derecha represiva hasta la izquierda subversiva. Pero hoy se hace más notable la contradicción porque hay un rumbo común, que algunos aceptan con alegría y otros a regañadientes, pero la atomización se hace más que evidente. Más de diez candidatos locales invocan el mismo pie de afiche, los mismos nombres emblemáticos, el mismo partido. ¿Qué los diferencia? ¿Cuáles son las propuestas programáticas que hace que no puedan todos juntos empujar el mismo carro a pesar de invocar, hasta el cansancio, los mismos principios y la misma herencia?

     Esta situación de incoherencia es la emergente de un mundo que ha sido vaciado de ideas y de ideales. Las viejas propuestas que tuvieron una fuerte vigencia en el pasado, están obsoletas y nada las reemplaza: todo es pragmatismo, acomodamiento a la realidad, ubicación de acuerdo al viento que sople. Y cada político tiene que lidiar con esta realidad sin tener como respaldo más que momias para agitar ante los sentimentales o piezas de museo para reavivar el entusiasmo de los memoriosos. Es el mundo en el que estamos, la música que nos está tocando la orquesta desde el palco es la que manda y quien no lo entienda así se queda fuera del baile.

     Por eso la vigencia de García Márquez que pinta un Macondo surrealista que bien puede ser San Miguel o cualquier otro pueblo o ciudad de nuestra Latinoamérica. Un Macondo donde el idealista Aureliano Buendía sorprendido por sus correligionarios que lo invitan a transar cediendo los principios para lograr coaliciones dice, con una sonrisa: Quiere decir que solo estamos luchando por el poder.

     Triste reflexión que hacen todos los idealistas de hoy, viendo las tremendas contradicciones, las alianzas incomprensibles, las disputas innecesarias y se preguntan donde están las ideas, dónde quedaron las banderas, donde están los principios. Preguntas de idealistas desubicados que han perdido el tren, sintonizan el canal equivocado y, siguiendo las pautas del Mayo francés, piden lo imposible. Porque hoy, nos guste o no, como decía Aureliano Buendía solo se lucha por el poder.

    SALVADOR DELLLUTRI

 

VERSIÓN IMPRESA

 

 ENCUESTA
¿que opinas sobre los próximos aumentos que se aplicaran en 2018?
Es justo
Injusto
Votar  Ver resultados  Opiná:Foro
 
 AUSPICIANTES

 

 
 
 Mas Noticias
Administrador del Sitio: Jairo Valencia
Director: José Valencia    Relacionista: Luis Molina E.    Diseño y Programación Web: Diosquez Fernando
Tel: (54-11) 44552022 |  Dirección: Blasco Ibañez 1846 Distrito de San Miguel, Provincia de Buenos Aires, Republica Argentina.  |  E-Mail: info@aquilanoticia.com
www.aquilanoticia.com, Todos los derechos Reservados , Prohibida su reproducción parcial o total sin la autorización de aquilanoticia.com