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   Sábado, 18 de Noviembre de 2017
Opinión 
Edición: 1074 - Fecha: 18 de Jul, del 2007
Ser emigrante en el mundo

Emigrar a cualquier parte del mundo no es fácil, en primera instancia porque conlleva el desarraigo y la necesidad de adaptarse a una cultura y una sociedad que no es la propia.

     Muchas veces un emigrante debe enfrentarse con la discriminación de su país de destino y las medidas restrictivas para su acceso y el logro de la ciudadanía. Esto lleva a que muchos emigrantes vivan en la clandestinidad y no puedan gozar de sus derechos sociales.
El miércoles de la semana pasada culminó en Bruselas el Primer Foro Global sobre Migraciones y Desarrollo con el auspicio de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), primer encuentro que trata a nivel mundial de dar solución a este fenómeno y en el que participaron delegados de 155 países y organismos internacionales.

    Las mesas de debate y foros de discusión tuvieron como eje el análisis de la relación de la migración con el desarrollo socio-económico y la forma de establecer políticas que favorezcan a ambos procesos.

    En este sentido algunos participantes hicieron hincapié en la necesidad de reconocer el aporte que los emigrantes hacen al desarrollo de los países receptores y combatir tanto la creciente criminalización de los inmigrantes como la visión del fenómeno como un flagelo.

    Esta fue la posición del presidente pro-témpore de la Conferencia Sudamericana sobre Migraciones (CSM), el viceministro venezolano Rafael Jiménez Dan, quien expresó: "En América Latina hay un entendimiento de que la migración hace aportes valiosos a los países de acogida, que no son siempre económicos, sino también culturales, sociales y académicos".

    Asimismo dijo que la migración es consecuencia del desarrollo económico desequilibrado y que debe ser vista como una cuestión de derechos humanos más que como un tema de seguridad.

    Por su parte, el Primer Ministro belga Guy Verhofstadt, inauguró el Foro haciendo un llamado a cambiar la estrategia en el tratamiento de la migración y expresó: “Europa y Estados Unidos están gastando hoy más dinero en el control de la migración que en el desarrollo de los países de origen. Pero seamos honestos, esta estrategia no está funcionando”.

    Aunque por sus características el Foro fue pensado sólo como una instancia deliberativa en la que se logren unificar líneas de acción, su importancia reside justamente en instalar el problema de las migraciones en la agenda de los gobiernos y en dar un paso hacia la defensa del derecho de los emigrantes. Sobre todo considerando que actualmente, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), cerca de 192 millones de personas viven fuera de su país de origen, lo que representa alrededor del 3 por ciento de la población mundial, y que un alto porcentaje del flujo migratorio es ilegal y ha dado lugar a un creciente negocio de tráfico de personas.

    La principal limitación de un encuentro de este tipo es que no se pueden aplicar remedios universales a un proceso que por su complejidad requiere soluciones regionales, teniendo en cuenta las particularidades de los distintos grupos migratorios y de sus países de origen y recepción.

    En la actualidad hay numerosos esfuerzos internacionales por comprender este fenómeno en todas sus dimensiones y actuar en consecuencia. Este es el caso de la CSM, que aglutina a Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú, Suriname, Uruguay y Venezuela, y cuya séptima edición se realizó en Caracas del 1 al 3 de julio pasados. Los objetivos de la CSM se basan en tres ejes fundamentales: defender y respetar los derechos humanos de los emigrantes sin importar su estatus legal; incluir el tema de la migración en otros puntos de la agenda internacional, tales como el comercio internacional, la ciencia y la tecnología y el medioambiente; y tratar de integrar a los emigrantes en las sociedades receptoras, respetando sus tradiciones y culturas.

    Asimismo, la `Declaración de Caracas` exige la necesidad de asumir la reciprocidad histórica y responsabilidad común sobre migraciones entre países de origen, de tránsito y de destino.

    Esta posición es notablemente diferente a la asumida por algunos países desarrollados, principalmente Estados Unidos.

    El gigante del norte ha desplegado a lo largo de su historia una serie de disposiciones legales que contribuyeron a restringir el libre acceso de los inmigrantes, una de ellas fue la Ley de Reforma y Control de la Inmigración de 1986, en la que entre otras medidas, impuso sanciones a los empleadores que contrataran a trabajadores irregulares. A pesar de ello es uno de los principales países receptores de flujos migratorios, especialmente latinoamericanos. De acuerdo a un informe del Pew Hispanic Center, en base a datos estadísticos del censo de Estados Unidos del año 2000 y el censo poblacional de marzo de 2006, más de 35 millones de personas en ese país son de origen extranjero, lo que representa un 12 por ciento de la población total, y alrededor del 78 por ciento de esos inmigrantes son de origen latinoamericano.

    El mes pasado el Senado norteamericano rechazó una nueva reforma migratoria que, por un lado, abría las puertas para legalizar a los 12 millones de indocumentados que llegaron a ese país antes de enero de 2007 (previo pago de una visa y otras multas), pero por el otro destinaba 4.400 millones de dólares para invertir en la seguridad de los pasos y muros fronterizos.

    Lo cierto es que con respecto a las migraciones, el país del norte se debate entre una política restrictiva, que defienden los sectores más conservadores, los cuales veían en la nueva reforma una “amnistía” para los inmigrantes ilegales; y una política integradora, que defienden tanto una parte del sector empresario (por necesitar de la mano obra barata que le brindan los emigrantes), como la creciente población latina que se ha convertido en los últimos años en la mayor minoría estadounidense.

    Mientras tanto, continúan las redadas al interior del país, las detenciones de indocumentados en las que se suelen violar derechos humanos y la militarización de la frontera con México. Hay que recordar que el año pasado Bush ordenó la movilización de seis mil soldados de la Guardia Nacional para vigilar la zona por un plazo de dos años y la construcción de un muro lo largo de la frontera.

    La migración es un fenómeno complejo, con muchas dimensiones y en las que participan países de origen, de tránsito y de destino. Intervienen aspectos culturales, sociales, políticos y económicos; pero, sobre todo, es consecuencia de la reproducción de un sistema económico capitalista que va aumentando las asimetrías entre las naciones.

    América Latina es actualmente una de las principales expulsoras de emigrantes cuyo impulso, principalmente, es la búsqueda de nuevas oportunidades laborales y un mejor nivel de vida. Existen flujos migratorios al interior de América Latina y hacia Europa, pero sobre todo a Estados Unidos.

    En los últimos años desde los países ricos se ha emitido un discurso que asocia la inmigración con la inseguridad y el terrorismo aumentando la xenofobia al interior de sus países, fomentando el nacionalismo en la peor de sus acepciones y justificando la violación de los derechos humanos hacia los emigrantes. Ese discurso no tiene en cuenta que, en parte, las migraciones son producto de la demanda de mano de obra barata de su sector empresario, cuya pérdida significaría un costo económico importante. Tampoco se refiere a la fuga de cerebros que sufren los países más pobres y que es fomentada por los países más desarrollados ni a los atropellos que los inmigrantes soportan.

    El Foro Global a nivel Mundial y, sobre todo, la CSM a nivel regional, son pasos importantes a fin de lograr una comprensión acabada del fenómeno, generar políticas conjuntas y evidenciar que en la actualidad las características de las migraciones dan cuenta no sólo de un proceso globalizador que facilita los intercambios, sino de un sistema económico mundial que aumenta las asimetrías. Lo que genera que para muchos habitantes de países pobres emigrar sea la única alternativa viable para lograr satisfacer sus necesidades más básicas; y los convierte, al mismo tiempo, en la mano de obra barata necesaria para reproducir el mismo sistema económico capitalista del que son víctimas.

    Por Laura Elisandro (*) | Desde La Plata, Argentina
La autora de esta nota es alumna del Seminario Virtual de Posgrado “Periodismo en Escenarios Políticos Latinoamericanos” que actualmente dicta la Agencia Periodística del Mercosur (APM) desde la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP.

 

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