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   Domingo, 19 de Noviembre de 2017
Opinión 
Edición: 1003 - Fecha: 4 de Abr, del 2007
Homosexualidad y reducción de derechos

“Las relaciones carnales entre personas del mismo sexo son inmorales y no deberían estar permitidas”, decía el jefe del Estado Mayor de EEUU.

     Las declaraciones de personajes públicos como el general Pace y las acciones emprendidas por algunas instituciones civiles, militares o religiosas ponen de manifiesto que los homosexuales tienen, en la práctica, menos derechos.

    La reciente condena de la homosexualidad por parte del jefe del Estado Mayor de EEUU ha vuelto a poner en entredicho la aceptación de las personas homosexuales en los países democráticos. El general Peter Pace afirmó en una entrevista en el diario The Chicago Tribune que las relaciones carnales entre personas del mismo sexo eran “inmorales” y que, por tanto, no debían ser permitidas. Pace, que comparó la homosexualidad con el adulterio, afirmó que estas opiniones son a título personal, que son fruto de la educación recibida y que no piensa retractarse pese a las protestas de grupos de gays y lesbianas norteamericanos.

    Las palabras del general Pace estuvieron precedidas por la exhortación papal Sacramentum Caritatis (El sacramento de la caridad), también hostil a la comunidad homosexual. En el documento se expresaba el rechazo a las uniones de personas del mismo sexo, y llamaba a los políticos católicos a bloquear cualquier iniciativa destinada a legalizar el matrimonio o las uniones civiles entre homosexuales. Pese a ello, fuentes vaticanas aseguraron que en la Iglesia no existía “ninguna fobia contra los homosexuales”. A este hecho habría que sumarle una sentencia del Tribunal Supremo francés, que anuló un matrimonio gay por considerarlo incompatible con las leyes galas, y también unas declaraciones del viceministro de educación polaco, que proponía excluir de la enseñanza a los profesores homosexuales.

    Todas estas declaraciones de personajes públicos y acciones por parte de las instituciones, ya sean civiles, militares o religiosas, delatan una realidad difícil de negar: los homosexuales tienen menos derechos que el resto de los ciudadanos. En la mayoría de los países, un homosexual, aunque pague sus impuestos y cumpla el resto de sus obligaciones como ciudadano, no tiene derecho a casarse ni a regular su convivencia con otra persona de forma legal. Esto implica que no puede heredar, ni recibir pensión por parte de su pareja, y tampoco puede adoptar niños. A estas discriminaciones, las principales, habría que sumarles otras como no poder formar parte de ciertas instituciones, como la Iglesia y algunos ejércitos nacionales. Además, muchos homosexuales son discriminados a la hora de encontrar trabajo, y muchos más son rechazados socialmente a causa de su orientación sexual.

    Este rechazo a los homosexuales no es ni mucho menos algo nuevo, pero sí que parece haber aumentado en los últimos años. Puede deberse a una mayor presencia de los homosexuales en la vida pública durante las últimas décadas. Hoy muchos artistas, así como algunos políticos importantes (como el alcalde de París o el líder de los liberales alemanes) declaran abiertamente su homosexualidad. En muchas grandes ciudades existe una pujante comunidad gay que cuentan con sus propias zonas y locales de reunión. Además, existen lobbys homosexuales en muchos de los grandes centros de poder político. En países como Bélgica y España estos grupos de presión han contribuido al reconocimiento casi total de derechos de gays y lesbianas con el resto de la población. Todos estos avances han provocado la reacción de los sectores conservadores, desde partidos políticos a instituciones religiosas, que se oponen a estas concesiones de derechos. Para ello apelan tanto a los valores de la familia tradicional como a razones morales.

    El general Pace, cuya moral repudia las prácticas homosexules, sí que está de acuerdo con la política que el Ejército norteamericano sigue con respecto a los homosexuales. Esta política, aprobada en la era Clinton, se denomina don’t ask, don’t tell (no lo preguntes, no lo digas). Establece que los homosexuales pueden formar parte de las fuerzas armadas, pero que en el momento en que su orientación sexual se haga pública serán expulsados. Parece que esta moral hipócrita está también implantada en las sociedades, incluso en aquellas donde existe una teórica igualdad de todos los ciudadanos. Un homosexual será una persona como cualquier otra hasta que quiera vivir de forma pública conforme a su opción sexual. En ese momento no le serán reconocidos ciertos derechos fundamentales. La razón: el género de la persona a quien ama.

    

    Miguel Amores
Periodista
ccs@solidarios.org.es

 

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