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   Sábado, 18 de Noviembre de 2017
Opinión 
Edición: 1001 - Fecha: 30 de Mar, del 2007
El regreso de los vándalos

El 25 de marzo una banda de aproximadamente once malvivientes robó a automovilistas trabados en un embotellamiento de la ruta Panamericana a la altura de Pablo Nogués. Ninguno de los damnificados hizo la denuncia policial.

     Seguramente porque estimaron que solo era una “sensación de inseguridad” como señala algún funcionario que, rodeado de custodios, se da el lujo de vivir de espaldas a la realidad.

    Pero no necesitamos ir tan lejos. Paso a relatarles tres hechos, que conozco de primera mano, sucedidos en San Miguel, durante el mes de marzo, y que son solo una muestra de los muchos que suceden a diario. Una horda de adolescentes atacó a un joven de 18 años en Serrano y Mitre, un sábado a las 18 hs. Además de robarle le hicieron, con una cuchilla, dos cortes verticales en el pecho, afortunadamente superficiales, que lo dejó en estado de shock y sangrando. Otro joven estaba trabajando, y fue atacado por una patota de adolescentes que intentaron robarle su bicicleta y pertenencias, y luego, sin ningún motivo, lo patearon hasta figurarle tres costillas. El domingo al amanecer un grupo de vándalos adolescentes que acaba de salir de alguno de los boliches de Tribulato, posiblemente drogados o borrachos, entró en una propiedad, rompió con estrépito el cristal de la puerta – presumi-blemente como diversión - y luego se alejaron en medio de risotadas.

    El caso de la Panamericana y los que acabo de narrar tienen en común que son actos vandálicos, cometidos por hordas de inadaptados que delinquen amparados por leyes “progresistas” que están sumiendo a la provincia en el atraso y el caos.

    En una inusual solicitada la Unión Tranviarios Automotor hacía notar el peligro que corrían sus afiliados en el trabajo nocturno por el crecimiento de la delincuencia juvenil como resultado de la proliferación de la droga y el alcohol. Fue alentador leerla por la sensatez de los conceptos con que no solo demandaban mayor seguridad, sino que señalaban las causas.

    El problema de la seguridad es cada vez más grave y todas las políticas implementadas hasta el presente están demostrando su ineficacia. Son políticas falsamente “progresistas” que producen cada vez un mayor retroceso y es en vano que se siga con una actitud autista: el tema está tomando dimensiones catastróficas.

    En el fondo hay un problema filosófico, se está partiendo de una concepción antropológica equivocada. San Agustín analizó la naturaleza humana y lo hizo estudiando sus propias reacciones. Siendo adolescente, junto a otros amigos, invadieron un huerto vecino en el que había un peral y robaron todas las peras. El botín era tan grande que tuvieron que arrojarlo a los cerdos. Ese robo sin motivo y ese daño causado por puro placer se convirtió en la base agustiniana de reflexión antropológica. Coincidía con la axioma paulino de que el mal está dentro del hombre y puede emerger bajo cualquier circunstancia cuando tiene oportunidad.

    De allí la necesidad de establecer leyes y hacerlas cumplir sin temor porque, como decía Salomón: “al no ejecutarse en seguida la sentencia para castigar la maldad, se provoca que el hombre solo piense en hacer lo malo”.

     La antropología de los progresistas reniega de la ética cristiana y agustiniana, parte de Rousseau quien sostiene que el hombre es bueno y la sociedad lo pervierte, por lo tanto ven detrás de cada acto vandálico nada más que un problema social.

    Esto lleva a elaborar leyes cada vez más benévolas y permisivas, porque entienden que todo acto de punición es una manifestación de autoritarismo. Como consecuencia se hace una defensa desmesurada de los “derechos humanos” de los delincuentes sin tener en cuenta que las víctimas son tan humanos y tienen tanto o más derechos que ellos. Las consecuencias están a la vista. En la provincia de Buenos Aires el proyecto “progresista” del ministro Arslanian ha fracasado, la realidad demuestra que en materia de seguridad estamos cada vez peor.

    Los vándalos de la Panamericana no son padres de familia famélicos, sino malvivientes que se asociaron para delinquir al amparo de una legislación y una justicia que puede burlarse con facilidad. Los vándalos que aterrorizan las noches de los viernes y sábados en San Miguel son inadaptados que saben que su condición de menores los convierte en inimputables.

    ¿Qué hubiera sucedido si los vándalos de la Panamericana hubieran sido detenidos? Hoy estarían libres riéndose de la estupidez de los progresistas. ¿Qué hubiera sucedido si los vándalos que agreden y roban en San Miguel fueran detenidos? A las pocas horas estarían repitiendo sus fechorías amparados por los progresistas.

    El país no necesita progresistas ni progresismo, necesita progreso. Y para progresar se necesita una sociedad ordenada, un cuerpo de leyes no infectado por ideologías trasnochadas y jueces probos que las hagan cumplir.

    Salvador Dellutri

 

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