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   Domingo, 19 de Noviembre de 2017
Opinión 
Edición: 976 - Fecha: 22 de Feb, del 2007
LA MARGINALIDAD EN LA ARGENTINA

(Vadillo) Voy a tratar un problema que desde hace décadas viene avanzando con celeridad, se halla vinculado con la marginalidad existente en el país, que origina un fuerte resentimiento sobre las clases que se asientan en las llamadas villas miserias.

     ¿ De dónde proviene el nombre? Bernardo Verbinsky escribió una novela titulada “Villa miseria también es América”. En su comienzo el libro narra el incendio intencional de un pobre barrio de casas de cartón, al que el escritor llama “Villa miseria”, con este nombre el autor buscaba provocar una reacción de vergüenza en la ciudadanía sin conseguir su propósito. Hoy la sociedad se acostumbró a verlas como algo imposible de cambiar y trata a sus habitantes con un fuerte de desprecio, ignorando que su origen es producto y uso del infame sentido de la política nacional.

    ¿ Cómo nacieron? Durante el gobierno de Agustín P. Justo se ´produce un alto índice de desocupación en el campo, los pequeños propietarios arruinados se dirigían a las ciudades en busca de ayuda y trabajo, estas migraciones darían lugar a lo que después se llamarían “villas miserias”. A mediados de la década del cuarenta, se comenzó a alentar, por una necesidad política, la migración de familias que se hallaban en el interior país, que si bien llevaban una vida de pobreza digna, estaban apartadas de los adelantos técnicos de las grandes ciudades. Con promesas y dádivas, se las trasladó a la Capital Federal y al Gran Buenos Aires. Frente a sus carencias económicas, levantaron pobres vivienda en las que podían aprovechar muchos adelantos de la vida moderna que desconocían. Mientras tanto la “dama buena”, aprovechando su incultura, les regalaba enseres sin enseñarles a ganarlos. Nacen así los que se llamaron despectivamente “cabecitas negras”, empleados a partir de ese momento como elementos para las manifestaciones masivas y apetencias electorales.

    Pasaron 60 años y muchas generaciones los sucedieron, pero siempre empleadas con el mismo destino. Hoy reina en esas barriadas el analfabetismo, la desocupación, la falta de salud, la droga y la indigencia, que los hace pasto fácil de la delincuencia. En este panorama conviven la era digital con la realidad de la miseria en la que viven.

    Frente a todos los prejuicios que los vinculan con la pereza y el delito, en estas zonas marginales - situadas muchas veces a un largo viaje de varios colectivos promiscuos -, viven las mucamas y empleadas que cuidan y cocinan a los chicos de la clase media o a los ancianos que poseen un buen pasar. También residen enfermeras, agentes de policía, albañiles, es decir una pléyade de trabajadores que nos asisten en nuestra vida diaria. Vive la otredad: esa gente de cuya desesperación solo nos enteramos cuando reciben un subsidio, al que muchas veces se lo critica por considerarlo excesivo.

    Los que no viven en estas villas miseria, pero si se aprovechan de ellos para sus sucios manejos, son los financistas corruptos, los banqueros lavadores de dinero, los narcotraficantes o los políticos quienes mantienen la idea que es importante para sus fines que esta miseria exista.

    En el mes de febrero se incendió el asentamiento conocida con el nombre de “El cartón” situada en Villa Soldati, nadie piensa que son cromagnones latentes cargados de niños, que sufren el olvido de la sociedad y del gobierno. Uno de los noticieros televisivos, siempre en la búsqueda de la noticia amarilla, haciendo caso omiso de la tragedia, decía “no tenían nada y perdieron todo”, esta expresión me llevó a pensar que fácil es lucirse y hacer juego de palabras con los dramas ajenos.

    La vida es una paradoja, mientras que bajo la autopista ardían centenares de casillas, en la ciudad de Buenos Aires se cancelaban permisos para construir decenas de torres de lujo de hasta de dos mil dólares el metro cuadrado. En la villa que se incendiaba la densidad de la población era de cuatro personas por casita de diez o quince metros cuadrados. Continuando con esta paradoja podríamos citar la Villa 31, próxima a Palermo Chico el barrio más elegante de Buenos Aires o Rodrigo Bueno a metros de Puerto Madero, más allá La Cava en San Isidro muy próximo al barrio residencial de La Horqueta.

    Una vez más el desinterés y la indiferencia de la ciudadanía y de los gobiernos atentan contra el desarrollo de la Nación. Hay en la historia un hecho digno de emular: durante la Presidencia de Theodoro Roosevelt en los Estados Unidos, se decidió frente a la crisis y a la alta desocupación que se vivía, motivar a los necesitados a dirigirse hacia el oeste, para ello se crearon las condiciones necesarias para que los asentamientos de las poblaciones tuvieran posibilidades laborales y pudieran llevar una vida digna.

    En nuestro país existió siempre una falta real de un plan de gobierno que atendiera esta situación. Se sigue explotando al indigente para que cumpla con el proyecto político, movilizarlo en manifestaciones masivas o en la búsqueda de mantener un electorado que frente a sus necesidades sea fácilmente manejable, sin pensar en la posibilidad de lograr un verdadero cambio para que este sector marginado de la sociedad se encauce en la búsqueda de un mañana mejor.

    por: Guillermo Cesar Vadillo

 

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