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   Domingo, 19 de Noviembre de 2017
Opinión 
Edición: 886 - Fecha: 29 de Sep, del 2006
Adios a la inocencia

(Vadillo) / Mi columna de hoy la voy a dedicar a un problema de gran importancia que en los albores del siglo XXI va tomando cada vez más incidencia, se trata de la indiferencia con que el mundo atiende las necesidades de los niños.

     En el siglo XVIII, la infancia no era reconocida, el trabajo y la productividad primaban sobre las necesidades de los pequeños. A fin del siglo XIX comienza el análisis sobre sus problemáticas, en los tiempos actuales el consumismo y el competitivismo son responsables de la pérdida de la inocencia de la niñez.

     Existe una marcada tendencia a empujar a los niños hacia la adultez antes de tiempo, la situación es producto de una mezcla siniestra; comida chatarra, marketing de la sexualidad, juegos electrónicos y una obsesión cada vez más acentuada por un sistema educativo que no comprende sus necesidades. Estas situaciones los llevan en muchos casos a estados depresivos, problemas de conducta y enfermedades en su desarrollo. Muchos de ellos se deben a la ignorancia y desinterés de la clase política que toman medidas demagógicas y desacertadas, cuyo único fin es el beneficio electoral. No podemos dejar de lado también la acción de la sociedad en su conjunto que elude la responsabilidad de orientar el desarrollo infantil, ni la de los medios, en especial los televisivos, que envían mensajes perturbadores.

     La época que vivimos ignora que el cerebro de los niños esta en desarrollo y por tal razón no pueden ajustarse, como en los adultos, a los cambios cada vez más acelerados tecnológicos y culturales. Los niños necesitan realizar juegos en donde desarrollen su imaginación en lugar de entretenimientos sedentarios frente a una pantalla de televisión o de una computadora. Sus conocimientos del mundo deben partir de la relación con sus adultos, ya sea a través de sus padres o maestros, no en forma virtual, que solo consigue hacerles perder el respeto a la esencia de sus vidas.

     En estos tiempos en los que se experimenta un veloz desarrollo de la tecnociencia y en donde aparece una cultura competitiva, se busca que los niños entren cada vez mas temprano a la escuela y que pasen por una serie de exámenes desde el nivel primario, además de ser impulsados por el mercado a vestir y actuar como tempranos adultos. Aproximadamente a partir de los once años, si bien hablan y se visten como adolescentes, tienen un nivel de conocimiento muy inferior al que deberían tener a esa edad, siempre expuestos a las vías electrónicas que les transmiten contenidos que antes eran inaceptables y que lejos de hacerlos madurar, les hacen quemar etapas que retrasan su desarrollo intelectual.

     Hoy se prefiere verlos sentados frente a un televisor o una computadora, en lugar que gocen de la vida al aire libre. Esta situación reduce la capacidad de los niños para medir riesgos, tomar decisiones y evitar peligros. También afecta sus habilidades para trabar amistades, operar en grupo y resolver conflictos.

     Estudios realizados por la Asociación Médica Británica han revelado que la situación planteada lleva a los niños a sufrir desordenes mentales, padecer depresiones, anorexia, bulimia, enojo excesivo y en muchas oportunidades dan muestras de tendencia al suicidio.

     Un dato importante que se suma a este adiós a la inocencia, es el aumento del índice de madres menores de 16 años, en su mayoría solteras. Esto ocurre en distintos sectores de la sociedad, tanto pobres como ricos, este drama pone en serio riesgo la formación de las futuras generaciones que nacerán desvinculadas del afecto producto de padres adultos.

     Lejos de ser un periodo de gran belleza en la vida, la niñez parece algo que necesita ser superado rápidamente. Es común en los tiempos que vivimos, tanto la familia como la escuela con la colaboración de los medios, los lleven aceleradamente a la adultez. El mensaje es claro << crece lo mas rápido posible >> . Se desvaloriza tanto a la niñez que pronto nos vamos a encontrar con una sociedad donde valores como la inocencia y la creatividad no tendrán cabida.

     Alexis Carrel escribía “Vivimos dos mundos diferentes, el de los hechos y el de los símbolos” en la actualidad el mundo de los hechos es el único que impera, el hombre moderno reprimió los símbolos en su inconsciente. En otros tiempos no muy lejanos, la música, la poesía, la literatura eran alimento del espíritu. El hombre moderno rechaza el mundo de los símbolos por considerarlo ingenuo y superado.

     Ya no se cuentan a los niños cuentos y leyendas que encerraban una moraleja, las que de alguna manera formaban su carácter y constituían su alfabetismo oral, sembrando los ideales de virtud, bondad y grandeza espiritual, representados por personajes que eran modelos de vida y cuyo ejemplo era digno de imitar. Su lugar es reemplazado por seres insignificantes tomados de la televisión y de la cinematografía, en los que siempre triunfa el más fuerte, haciendo gala permanentemente de hedonismo y crueldad.
La confusión del hombre moderno se debe a la perdida del sentido de persona.

    Guillermo C. Vadillo

 

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