San Miguel   BUSCADOR
  T.19° H.94% S.T.21°       
Opciones Avanzadas
 
   Sábado, 18 de Noviembre de 2017
Opinión 
Edición: 831 - Fecha: 11 de Jul, del 2006
Los superpoderes

(Dellutri) / Roma adoptó, al igual que otros imperios, el águila como símbolo de su poder hasta que en el siglo pasado Superman se convirtiera virtualmente en el emblema de los Estados Unidos, los imperios siempre alardearon de sus superpoderes.

     Distinto es el caso de nuestro país, donde cíclicamente se pone sobre el tapete el tema de los superpoderes, generando iras y exacerbando los ánimos. Ocurre que nosotros no somos una superpotencia que necesita demostrar su poderío sobre otras naciones, sino una nación del tercer mundo. Por lo tanto el tema de los superpoderes se circunscribe a una puja interna entre el Poder Ejecutivo – es decir el Presidente de la Nación – y las diversas fracciones políticas de oposición.

    Cuando los romanos dejaron atrás la monarquía y se estableció la República Romana, en el nuevo sistema de gobierno se mantenía el equilibrio haciendo interactuar a tres poderes que se controlaban mutuamente: Magistrados, Comicios y Senado. El Senado era un cuerpo consultivo que controlaba, entre otras cosas, los manejos financieros del Estado; los Comicios eran asambleas que actuaban como Poder Legislativo y los Magistrados serían el equivalente de nuestro Poder Judicial. Nadie tenía superpoderes y por lo tanto ejercían un mutuo control que moderaba las apetencias desmedidas de poder propias de los gobiernos totalitarios.
En casos de extrema gravedad el Senado designaba un dictador, por el término de seis meses, que asumía todo el poder civil y militar. Durante ese período se le otorgaban superpoderes que eran casi siempre utilizados para solucionar alguna crisis de tipo militar.

    Que en nuestro país, en esta instancia de nuestra economía y sin conflictos bélicos a la vista, se esté discutiendo el tema de los superpoderes es un signo preocupante. La democracia necesita del funcionamiento de los tres poderes, independientes y con todas sus atribuciones. Como tenemos un marcado presidencialismo es necesario que las facultades de los otros poderes no sean recortadas para garantizar el juego democrático. Que volvamos a hablar de superpoderes pone en tela de juicio, una vez más, nuestra vocación democrática.

    La sabia Constitución de 1853, atenta a las características paternalistas de la sociedad y la vocación caudillista de los dirigentes, consagró la imposibilidad de reelección del Presidente de la Nación. Quiso garantizar así la preeminencia de las ideas sobre los personalismos. La última reforma Constitucional, un mamarracho hecho a medida de las apetencias de poder del entonces presidente Menem, abrió la posibilidad de la reelección presidencial. Allanó así el camino al personalismo mesiánico de muchos de nuestros dirigentes. Volvió a abonar la idea de que hay hombres providenciales, predestinados e iluminados por la divinidad para que sean salvadores de la patria. Si tenemos en cuenta la idiosincrasia de nuestro pueblo y el marco social en que se realizó el cambio notaremos que fue un retroceso notable en nuestra democracia.

    Durante la época de crisis económica fue cuando surgieron los superpoderes. Se justificaban alegando que eran un medio de acción rápida que evitaba la lentitud de los procesos legislativos y que, conjurado el problema, caducarían. Ahora el Poder Ejecutivo, a pesar de tener mayoría legislativa, quiere consagrarlos en forma permanente sin tener en cuenta los riesgos que implica para la República y la democracia otorgar la discrecionalidad en el manejo de los fondos públicos a uno solo de los poderes del Estado.

    Todo esto nos lleva a pensar si los argentinos tenemos auténtica vocación democrática o si nuestra tendencia al paternalismo, con el que se justificaron muchos de los gobiernos de facto del pasado, no estará resurgiendo peligrosamente.

    Entre las leyendas judías hay una muy significativa, la del Golem. Un rabino de Praga, en la Edad Media, había descubierto el nombre secreto e impronunciable de Dios, que lo facultaba para hacer milagros. Hizo entonces un hombre de barro, le escribió el nombre secreto en la frente, con lo que cobró vida y lo transformó en su fiel servidor. Todos los viernes, cuando comenzaba el sabat, debía borrar al nombre para que en el día de descanso quedara inerte. Un sábado olvidó hacerlo y el Golem, totalmente descontrolado, comenzó a recorrer las calles destruyendo todo lo que tenía a su alcance. El rabino abandonó corriendo la sinagoga y fue al encuentro de su engendro, borró el nombre y decidió nunca más repetir el experimento.
Los argentinos estamos construyendo un Golem. Los superpoderes se otorgan con la excusa de que benefician el funcionamiento de la República, pero terminan por destruirla.

    
Salvador Dellutri

 

VERSIÓN IMPRESA

 

 ENCUESTA
¿que opinas sobre los próximos aumentos que se aplicaran en 2018?
Es justo
Injusto
Votar  Ver resultados  Opiná:Foro
 
 AUSPICIANTES

 

 
 
 Mas Noticias
Administrador del Sitio: Jairo Valencia
Director: José Valencia    Relacionista: Luis Molina E.    Diseño y Programación Web: Diosquez Fernando
Tel: (54-11) 44552022 |  Dirección: Blasco Ibañez 1846 Distrito de San Miguel, Provincia de Buenos Aires, Republica Argentina.  |  E-Mail: info@aquilanoticia.com
www.aquilanoticia.com, Todos los derechos Reservados , Prohibida su reproducción parcial o total sin la autorización de aquilanoticia.com