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   Jueves, 23 de Noviembre de 2017
Opinión 
Edición: 826 - Fecha: 4 de Jul, del 2006
Las villas miserias un drama de la vida

(Vadillo)/ Los argentinos somos intolerantes, con un peculiar desprecio por el otro, no queremos ver, ni analizar el por qué del sufrimiento de muchos hombres de nuestro pueblo, cerramos los ojos frente a su triste destino.

     Me quiero referir específicamente al drama de exclusión social que viven las villas miserias y los asentamientos precarios. En ese tránsito a la pauperización millones de argentinos viven condenados en barrios precarios, muchos de ellos en el corazón de las ciudades o en su periferia. Sus casas se levantan sobre terrenos propios, muchos de ellos comprados a seres inescrupulosos que se los han vendido en tierras inhabitables próximos a ríos que se desbordan ante la primer tormenta, otras veces sus asentamientos lo hacen en tierras que usurpan.

     Sus casillas las levantan con chapas y cartón, techos de zinc y bolsas de plástico, pisos de tierra, viven hacinados con napas contaminadas, sin cloacas, sin los servicios mínimos para llevar una vida digna, ello los lleva a una situación de desconfianza y segregación que los vincula con el delito.

     En otros tiempos también existieron, la diferencia en el ahora es que han crecido en gran medida, su presencia sirve para mostrarnos a los argentinos en forma permanente nuestra decadencia, el de habernos convertido en un país que ofrece una movilidad social descendente.

     ¿ Como fue posible que esto sucediera cuando fuimos considerados como uno de los países más ricos de la Tierra ? Existen ciertos indicadores que dan la pauta de lo que sucede, el 70 % de los habitantes de las villas miserias no poseen instrucción primaria, muchos frente a la desocupación existente no tienen ingreso fijo para superar sus necesidades básicas, el problema se acrecienta aún más en los jóvenes, que los llevan a expectativas pesimistas, desmotivación, conductas negativas y finalmente a un círculo vicioso de exclusión. Si los proyectos gubernamentales llevaran a una economía de crecimiento y disminuyera la pobreza posiblemente las villas irían desapareciendo.

     Durante décadas muchos argentinos emigraban del empobrecido interior rural hacia Buenos Aires donde encontraron la posibilidad de una vida mejor, una industria protegida les ofrecía trabajo con un salario digno y les reservaba incluso un puesto a sus hijos al terminar su escuela. La ciudad les garantizaba un nivel de vida superior al que habían abandonado en sus provincias de origen. Muchas veces se debían asentar muy pobremente dando lugar a las villas miserias, pero la confianza en el futuro – alimentado por el hecho de que el presente era mejor que el pasado- se extendía en su sentir. A esta situación se sumaba un Estado prebendario que constituyó las bases del populismo, que socavó los estamentos sociales sobre los cuales la Argentina había llegado a ser una potencia. El proceso se origina a partir del gobierno militar de 1943, con el modelo de la dama buena que regalaba lo ajeno, que sustituyó el trabajo por la dádiva, creando la ficción de un Estado benefactor que eliminaba el concepto de responsabilidad individual.

     En la actualidad el crecimiento de las villas miseria se ve sostenido por el drástico aumento de la desocupación , la subocupa-ción, la precarización del empleo, la caída del poder de compra de los salarios y la brutal iniquidad en la distribución del ingreso.
Históricamente se mira a las villas como un fenómeno marginal y se cae con esta observación en un grave error puesto que los pobres no están al margen de la sociedad, ocupan las peores posiciones, la pobreza no se genera de forma aislada, sino conjuntamente con la riqueza: pobres y no pobres se reproducen en medio de condiciones económicas, culturales y políticas.
El problema que he planteado es muy complejo y la búsqueda de una solución, implica introducir proyectos políticos en los que deben primar prioritariamente cuestiones educativas, sanitarias y sobre todo retornar a la cultura del trabajo que fue dejado de lado por el perverso sistema del asistencialismo cuyo fin es emplear a estos sectores marginados para sus fines políticos. Los gobiernos cierran los ojos al problema de las zonas de emergencia , sin tener en cuenta que cuanto mayor es el área de la pobreza, más son los problemas que se suscitan; como la exclusión social y el desarraigo territorial agudizan la desintegración y producen sentimientos de frustración, inacción juvenil, drogadicción, violencia y otros males que dañan a la sociedad en su conjunto.

    En lugar de buscar una solución al problema, crean el populismo, su nombre es engañoso, deriva de la palabra pueblo, pero el populismo no significa interés dominante por el bienestar del pueblo, ni tampoco que se gobierne a su favor.

    Significa que se los manipula en bien del régimen o el de su círculo de fieles. El pueblo entonces no es servido sino enajenado, caen en la hipnosis de quien simula amarlo y sacrificarse por su felicidad.

    El pueblo no es sujeto, sino rebaño que se conduce, alimenta y carnea. El populismo pretende una sociedad sin contradicciones, sin disenso. Todo debe confluir en el poder, que anhela ser hegemónico.

    Guillermo Vadillo

 

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