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   Jueves, 23 de Noviembre de 2017
Opinión 
Edición: 795 - Fecha: 17 de May, del 2006
¿Qué le pasa al hermano mayor del Mercosur?

La semana pasada, se produjeron varias declaraciones de funcionarios brasileños que, en el marco de crisis que vive el Mercosur, son preocupantes a la hora de analizar el rumbo de la integración regional.

     El pasado fin de semana el asesor del presidente brasileño para asuntos internacionales, Marco Aurelio García, criticó la retórica anti-estadounidense del presidente venezolano Hugo Chávez y expresó que Brasil teme una “guerra fría” en la región. "No queremos un clima de “guerra fría” en América latina. “La guerra fría ya terminó", sostuvo García en una entrevista al diario Folha do Sao Paulo.

    A su vez el funcionario brasileño recalcó la forma con que su país percibe la geopolítica y la diferenció de cómo la manejan Venezuela y Bolivia, refiriéndose en especial a los cruces verbales que mantiene Chávez con Estados Unidos. "La política exterior de Brasil para América del Sur y para el resto del mundo no está basada en el prefijo ‘anti’. Nosotros no somos ‘antinadie’. Somos ‘pro", sentenció García.

    Para el asesor brasileño la diplomacia que maneja el mandatario venezolano es muchas veces inadecuada. "Si me preguntan si estoy de acuerdo con la retórica de Chávez, diré que en muchos aspectos no. Determinadas intervenciones que Chávez hace en determinados momentos no me parecen las más adecuadas", expresó.

    Después de descargar su inconformidad con la postura del presidente venezolano, se ocupó de reprochar el accionar del presidente boliviano, Evo Morales. Aurelio García criticó la nacionalización de los hidrocarburos y apuntó contra el envío del ejercitó para custodiar los yacimientos, algunos pertenecientes a la estatal brasileña Petrobras. "Ese comportamiento no se corresponde con el nivel de relación que Brasil mantiene en América latina, en especial con Bolivia. No se justificaba", declaró.

    Según distintos medios brasileños, el presidente de Brasil Luiz Inacio Lula Da Silva, durante la cumbre de Puerto Iguazú, le recriminó a su par boliviano este accionar.

    La situación no terminó ahí, días mas tarde el canciller brasileño, Celso Amorin ante la Comisión de Relaciones Exteriores y Defensa también se refirió a Venezuela, manifestando la incomodidad que siente su país en referencia a ciertas acciones de Chávez.

    En la audiencia también se discutió la nacionalización de los hidrocarburos en Bolivia y la situación de Petrobrás en el país del altiplano. Amorin además de expresarse en contra de las actividades que viene realizando el presidente venezolano en la región, mencionó como ejemplo la presencia en Bolivia de funcionarios de la estatal petrolera venezolana PDVSA en momentos en que el presidente Morales decidía la nacionalización de los hidrocarburos.

    ``No puedo juzgar. No sabemos cuál era la intención del presidente Chávez, pero el hecho concreto es que cuando ciertas amenazas estaban siendo transmitidas por la prensa (de Bolivia para Brasil), eso se da paralelamente a una presencia de funcionarios de PDVSA en Bolivia”, sentencio el canciller carioca.

    Estas declaraciones en boca de dos altos funcionarios de Brasilia no tardaron en encontrar una respuesta por parte de Caracas y La Paz.

    El miércoles 11, el gobierno boliviano negó estar influido por Venezuela. "Hay varios países amigos con los cuales trabajamos en muchos temas, pero eso jamás se traduce en una interferencia, una influencia o una manipulación de decisiones de Bolivia", dijo el vicepresidente Álvaro García Linera.

    Por su parte, el gobierno venezolano se mostró sorprendido por las declaraciónes de Amorin. La Cancillería venezolana dijo en un comunicado que le causaba "mucha sorpresa" los dichos del canciller brasileño. "Es un irrespeto repetir las provocaciones que la prensa reaccionaria ha venido vertiendo sobre el Presidente de Bolivia, presentándolo como una suerte de hombre sin personalidad, ni criterio propio, precisamente por ejecutar un mandato de su pueblo", señala el escrito respecto a la decisión de Evo Morales de nacionalizar los hidrocarburos.

    La respuesta de los países andinos llevó a Marco Aurelio García a señalar que no había criticado la influencia del jefe de Estado venezolano Hugo Chávez en Bolivia. En ese sentido, también de manifestó Hugo Chávez, en una rueda de prensa en Roma. El presidente venezolano desestimó las declaraciones de Amorim, señalando que las considera “producto de las infinitas presiones a las que está sometido el gobierno de Brasil, sobre todo de la derechas brasileña y de alguna prensa brasileña”.

    Chávez dijo estar seguro, de que “Celso Amorín jamás diría eso relajado”, al señalar que sus declaraciones ante el Congreso fueron respuestas dichas “a la defensiva”, bajo presión.

    Una vez que arribó a Viena, la capital de Austria, para la IV Cumbre Unión Europea-América (Latinoamérica y el Caribe), Chávez puso paños fríos a la controversia y expreso que “en Brasil pretenden enemistar a Venezuela con ese país, pero yo les puedo decir que Lula y yo somos hermanos”. Y agregó que “Brasil está con nosotros en el proyecto del Gasoducto del Sur y pareciera que a algunos brasileños esto se les olvida”.

    Una vez aclarada la situación entre Brasil y Venezuela, faltaba pulir las relaciones bilaterales entre Brasil y Bolivia, después de las controvertidas declaraciones vertidas por García y Amorin.

    En este caso el escenario fue más tenso y fue necesaria una reunión entre los presidentes de ambos países para calmar situación. El cruce de declaraciones entre La Paz y Brasilia se focalizó en la nacionalización de los hidrocarburos en Bolivia y la situación de Petrobras.

    El anuncio del encuentro se produjo tras otra jornada de gran tensión bilateral, en la que el canciller brasileño instó a Bolivia a compensar a Petrobras si el gobierno boliviano se incauta de bienes de la compañía, tal como establece la nacionalización aprobada recientemente por La Paz. Y no descartó retirar al embajador brasileño en esa capital.

    Por su parte, el mandatario boliviano acusó el jueves pasado a la empresa estatal brasileña Petrobras de haber trabajado ilegalmente, debido a que sus contratos no fueron ratificados por el Congreso boliviano.

    Finalmente el sábado pasado, Morales y Lula da Silva aclararon la situación, al mismo tiempo ratificaron que continuarán con la alianza energética entre ambos países y anunciaron que iniciarán negociaciones para solventar las diferencias que surgieron tras la nacionalización de los hidrocarburos en la nación andina.

    “Como países vecinos, somos países aliados", dijo a su vez Morales. Por su parte Lula da Silva dijo que "había mucho humo y poco fuego" en los conflictos de su país con Bolivia. Y que "Brasil necesita el gas de Bolivia y Bolivia necesita vender el gas a Brasil".

    Después de presentan cronológicamente este escenario tenso entre los tres países sudamericanos con un final que parece centrarse en aclarar la situación y abogar por el dialogo y el entendimiento. Cabe hacer un balance y un análisis de los hechos.

    Pare esto vale la pena preguntarse ¿por qué se llegó a vivir una semana de tensión en la región?, ¿existen recelos por parte de Brasil en cuanto al rol, desempeñado por Venezuela?, ¿estas discrepancias sirven a la integración, o bien pueden ser utilizadas por Estados Unidos para fragmentar la unidad sudamericana?

    Distintos análisis en base al altercado sostienen que Brasil en los últimos tiempos dejó relegada la tarea de liderazgo en la región. No se puede poner en duda ese liderazgo en el cual tiene que estar el gigante sudamericano, por ser una de las más grandes economías del mundo y por lo tanto fundamental para la integración de esta parte del continente.

    Pero declaraciones vertidas en ese tono, perjudican a la unidad sudamericana y dan argumentos a Washington para operar en pos de una confrontación entre los países de la región.

    A principios de este mes la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, declaró que las naciones y organizaciones regionales deben actuar decididamente para evitar que los avances en el desarrollo democrático sean arruinados por "demagogos o autoritarios".

    Sin mencionar a país o gobernante, todas esas acusaciones apuntan al gobierno de Hugo Chávez, objetivo favorito de la Casa Blanca.

    Semanas más tarde, la agencia AFP difundió una entrevista con un alto funcionario estadounidense el cual pidió el anonimato, quien sostuvo que según el gobierno de George W. Bush, ``la verdadera lucha (...) está teniendo lugar primero dentro de la izquierda``, entre la presidenta chilena Michelle Bachelet, Lula Da Silva, Vázquez ``y quizás`` el argentino Néstor Kirchner, contra el mandatario cubano Fidel Castro, Hugo Chávez ``y quizás`` el boliviano Evo Morales, reseñó AFP.

    Por otro lado, según estimó Michael Shifter, experto del centro de análisis Diálogo Interamericano, para Washington lo ideal es que Brasil y otros países como Perú ``den la pelea`` contra Venezuela.

    Otra herramienta funcional al discurso de Washington, como el reciente informe de la Oxford Analytica -centro de análisis vinculado a la universidad británica- que circula en organismos multilaterales de Washington, estimó que Brasil ``no aceptará fácilmente competencia de Venezuela`` en su liderazgo.

    ``Hace mucho que Brasil se siente el líder natural de la región y ha estado en el centro de los esfuerzos por extender la integración regional, que las recientes acciones de Chávez parecen socavar``, advirtió.

    En este marco, un dato muy importante a tener en cuenta es la visita del ex agente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por su sigla en ingles) y embajador de Washington en la Organización de Estados Americanos (OEA), John Maisto, quien recorrió las oficinas del poder en Brasil y Argentina para pedir que disparen contra Chávez.

    Uno de sus principales objetivos fue convencer a Brasilia y Buenos Aires de la “necesidad” de congelar la influencia de Chávez sobre el tablero político de la región.

    Para entender la situación actual en el proceso de integración regional, es necesario dar un vistazo en la historia, la cual nos enseñara que los problemas que tiene hoy en día la región no son nuevos y que hay que saber aprender de ellos para lograr un futuro mejor.

    Hace 180 años, en julio de 1826, se reunió en Panamá el Congreso Anfictiónico, el cual tenía el gran objetivo de crear una confederación de los pueblos iberoamericanos, desde México hasta Chile y Argentina.

    Ese congreso como lo menciona el periodista Olmedo Beluche fue, a la vez, la culminación del máximo sueño de Bolívar y el comienzo de su fracaso.”Esta magna asamblea debía fundamentar una gran nación que, por extensión, población y riquezas naturales jugaría un papel de primer orden en el mundo, pero puso al descubierto todas nuestras debilidades”.

    Los desacuerdos y las controversias finalmente condujeron a obtener limitados resultados que más tarde solo quedarían en la historia.

    El siglo XX también estuvo marcado por los intentos de una integración regional. Uno de los primeros fue el tratado del ABC (Argentina-Brasil-Chile), que no tuvo vigencia por que Chile no ratificó el pacto y el país carioca decidió encolumnarse detrás de Estados Unidos y entrar en la Primera Guerra Mundial en contra de las potencias centrales.

    A esto se sumaron recelos y desconfianzas entre los tres países. Pese a esto, algunos analistas de la época sostenían que el ABC fue pensado como una forma de contrarrestar la Doctrina Monroe de Estados Unidos.

    También podríamos recordar el proyecto del presidente argentino, Juan Domingo Perón, quien en 1954 proyectó la conformación de la Unión Económica Sudamericana, pero que tampoco rindió frutos por la desconfianza de Brasil que observaba con recelo el papel líder de Argentina. Además Washington jugó un rol importante calificando al país sudamericano de peligroso para la paz hemisférica, acentuando de ese modo las diferencias entre los países de la región.

    Finalmente se logró dar un paso hacia la integración verdadera, cuando se creó la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC), durante la década del ‘60, la cual apuntaba la conformación de un Mercado Común Latinoamericano.

    También es importante nombrar a la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), que sustituyó a la ALALC a principios de los’80 y que fue el motor principal para la creación del Mercado Común del Sur (Mercosur).

    Revisando la historia, se puede ver que en la actualidad la situación parece encaminarse a una nueva fragmentación si las discrepancias y recelos dentro del Mercosur y la agónica Comunidad Andina de Naciones (CAN) no encuentran una solución efectiva.

    Según algunos expertos, el acercamiento económico de Uruguay a Estados Unidos y los pactos comerciales de América Central y algunos países andinos con Washington si bien muestran el fracaso del Area de Libre Comercio para las Américas (ALCA), presentan una desintegración del continente. Washington cambió su estrategia y emprendió su campaña para firmar Tratados de Libre Comercio (TLC) con países latinoamericanos.

    Mientras tanto, los países de la región y en especial dentro el Mercosur, bloque que apunta a ser el único conforme una integración paralela a la tutela de Estados Unidos, se vive una severa crisis y existen todavía una lista larga de tareas a realizar.

    La integración regional es una tarea difícil y esforzada, pasaron casi 200 años del primer intento y la región avanza a pasos muy cortos. América Latina, tiene un pasado, un presente común y por lo tanto un futuro común.

    Es cuestión de dejar de lado errores y recelos del pasado, para construir juntos a esa gran América del Sur que tanto anhelamos y parece estar dormida.

    Dentro el Mercosur, queda por resolver de manera equitativa y beneficiaria para todos sus países miembros: El conflicto de las papeleras de Fray Bentos, la reindustrialización de Argentina modificando el intercambio con Brasil, los reclamos de Paraguay y Uruguay en torno a su desarrollo y su papel dentro del bloque y el tan controvertido precio del gas boliviano.

    Algunos tendrán que ceder y hacer concesiones, otros tendrán que entender y dejar que los más chicos comiencen un mínimo desarrollo. En caso de no llegar a un acuerdo estable y no conformar la unidad dentro de la región, sencillamente, paulatinamente seremos devorados por el gigante del norte.

    (APM)

 

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