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   Jueves, 23 de Noviembre de 2017
Opinión 
Edición: 655 - Fecha: 2 de Sep, del 2005
Ministros religiosos en la picota

La religión ocupó en estos días el interés de la ciudadanía. Es lamentable que sea motivado por dos escándalos: las declaraciones del evangelista Pat Robertson y la sexualidad del ex obispo Maccarone.

     Estos hechos hacen necesario definir cual es la responsabilidad que les cabe a los ministros religiosos en el presente.

    Asumir la condición de ministro de una determinada religión es sujetarse públicamente a los principios morales y espirituales de la confesión elegida. En este aspecto no solo deben responder ante la ley de su país como cualquier ciudadano, sino que se espera que su ética refleje su elección y condición de religioso. En los casos mencionados ambos confiesan la fe cristiana y responden a la misma ética religiosa.

     Pat Robertson es un conocido hombre de medios en los Estados Unidos y es notorio su compromiso con el partido Republicano. Como pastor su deber ministerial es mantenerse por encima de las contingencias de su país y bregar por los grandes valores de la fe, entre ellos el respeto por la vida humana. El exabrupto lanzado contra el Presidente Hugo Chavez de Venezuela no condice con los principios que debe sostener un cristiano, aunque responde a los criterios de muchos militantes del Partido Republicano. Como muchos norteamericanos Robertson no hace diferencias entre la política y la fe, y participa – conciente o inconscientemente – de una fe cívica en la que se identifican los objetivos nacionales con los religiosos. En esto coincide con el fundamentalismo del Presidente Bush.

    Pero su declaración, de fuerte contenido político, no puede analizarse aislada. Es un ministro cristiana está contradiciendo las enseñanzas de Jesucristo y trasgrediendo la ética cristiana, de allí que muchas instituciones religiosas lo hayan censurado con dureza y pidieran su pública retractación y arrepentimiento.

    El caso del ex obispo Maccarone, si bien el tema es distinto, tiene coincidencias de fondo con el problema de Roberson. Voluntaria y públicamente eligió el celibato y una conducta moral acorde con los principios de la Iglesia Católica. La trasgresión a su voto no es, de ninguna manera, una acción de carácter privado porque afecta la credibilidad de los ministros. No se puede ignorar esto alegando su innegable obra de carácter social, porque una cosa no lo exime de la otra. Recordemos que no estamos ante un político sino ante un ministro religioso que responde ante la sociedad, pero también ante Dios, sus pares y sus fieles. Y fue también duramente sancionado.

    En ambos casos el problema es ético. Tal vez no sea censurable la postura de Robertson o Maccarone desde el punto de vista político, pero lo es desde la ética cristiana. De allí que ambos deban ser censurados sin atenuantes de ningún tipo.

    Todo indica que en el caso del ex obispo Maccarone hubo una operación política, pero esa es una discusión que pertenece a otro ámbito. Tampoco ese hecho, casi comprobado, puede eximirlo de tener una conducta moral acorde con su confesión de fe.

    En una sociedad donde los principios éticos perdieron su rigidez adquiriendo una peligrosa elasticidad y los valores están en crisis, corresponde a los ministros de la fe ser justos y equilibrados. No es procedente que un pastor incite a la violencia o que un sacerdote infrinja los principios morales. La sociedad tiene que esperar de ellos otra cosa y la rapidez con que las autoridades religiosas reaccionaron en ambos casos evidencia que el compromiso ético todavía tiene valor.

    La comprensión de la debilidad humana nos debe mover a compasión evitando actitudes destructivas para con la persona, pero tenemos que comprender que, por doloroso que sea para los fieles, ambos faltaron a sus deberes y es justo censurar institucionalmente sus conductas. Hacerlo es defender la credibilidad de los ministros religiosos.

    No es bueno para una sociedad en crisis el ejemplo que ambos dieron, pero es mucho peor el ocultamiento o la justificación. En el ámbito político, donde la ética está tristemente devaluada, el ocultamiento y la justificación irracional es moneda corriente. Es bueno que el ámbito religioso se maneje con otros valores y la verdad, por dolorosa que sea, sea defendida por todos.

    Salvador Dellutri

 

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