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   Martes, 21 de Noviembre de 2017
Opinión 
Edición: 605 - Fecha: 16 de Jun, del 2005
Periodismo en el alma (y en el bolsillo)

“El 7 de junio de 1810 Mariano Moreno funda La Gaceta”...., se dijo. Así empezó todo, mate de por medio (Molina Esquivel té, por supuesto) , fue una charla de redacción que nos competía íntimamente.

     No somos eruditos ni muchos menos, pero se esbozaron algunos conceptos que bien pueden servir para entender en qué anda nuestra profesión. Valga como atenta salutación a los colegas...

    Así como la política y su dirigencia está profundamente cuestionada, el periodismo y los comunicadores atraviesan días de un profundo debate. Con el tiempo los medios fueron dejando de ser meros transmisores de la noticia para convertirse en mensajes en sí mismos. Ya lo había previsto uno de esos “gurúes” al decir que “el medio es el mensaje”, nos referimos a Marshall McLuhan.

    Nuestra sociedad ha llegado a un punto tal de complejización que los diarios no pueden ser escritos por algún vecino con inquietudes intelectuales. No basta con “teclear” un poco sobre el teclado. El periodista hoy debe estar profundamente “empapado” de la realidad que lo circunda inmediatamente, de su país y del mundo, debe entenderla para poder explicarla, de ahí el alto nivel de capacitación que exige la profesión en estos tiempos. Se dice que el periodista debe saber de todo, un poco.
Por eso, hoy en día, el periodismo se aprende en casas de altos estudios donde se forma a los estudiantes intelectualmente, pero que muchas veces no logran transmitir el “oficio”.

    Con todo, no hay dudas que el periodismo en nuestra contemporaneidad es un servicio indispensable: le dice si se debe abrigar o llevar paraguas, si habrá huelga de transportes, si el tránsito está pesado, cuándo deberá presentarse a votar, si es conveniente que sus ahorros se transformen en otra moneda o cómo formará su equipo de fútbol favorito.

    Y va más allá: es el enlace con los gobernantes e influyen significativamente en los sucesos de la sociedad. Aquí tocamos un punto interesante que merece algunas líneas más. Hubo un desarrollo histórico del hombre, al que podemos remontarnos a Aristóteles si se quiere, donde en la vieja “polis” griega ya se planteaba la participación en los “asuntos públicos”. Son esos mismos intereses los que mueven a la sociedad globalizada de hoy a consumir diarios, radios y tv. Por allí, los actos de gobierno se hacen públicos y la “opinión pública” (surgida como concepto a fines del siglo XIX) obtiene la información necesaria para evaluar la gestión de sus dirigentes, quienes deben decidir sobre el futuro de la comunidad.

    Pero el planteo se nos complica, porque entran en juego entonces la libertad: aquella proclama de la revolución Francesa que se permitió degollar a quienes no estaban de acuerdo, hoy, muchas veces, es utilizada para descubrir corruptos o para disimular sus actos.

    DEPENDE DE QUIEN LO ESCRIBA O LO DIGA, DONDE Y COMO

    Porque, en rigor de verdad, en pleno siglo XXI la libertad de expresión choca, sin remedio, con la libertad de empresa. Sin juicio valorativo alguno, debemos decir que los medios son empresas, donde el índice de ganancia pesará más que la denuncia o el “delirio” poético. Es simple: dos más dos, son cuatro y siempre tenderán a que el signo que prevalezca sea el positivo. Pero hay (dejando debida constancia) excepciones.

    En el último cuarto de siglo que dejamos atrás, con la pronunciada desvalorización de la dirigencia manchada de corrupción extrema y una Justicia lenta, los medios masivos se convirtieron en protagonistas, si se quiere, en muchos casos de manera desmedida.

    La gente depositó su credibilidad (léase confianza) en los medios y en los comunicadores, quienes podían tanto describir la realidad como dibujarla, y en este último sentido los excesos nos llevaron al cuestionamiento que vivimos hoy, donde algunos sectores de la comunidad pueden discernir cuándo sucede una cosa y no la otra. Es decir, cuándo un comunicador social sólo transmite un mensaje o intenta influir con él, llegándose a un punto tal que por más importante que sea tal o cual decisión del Presidente de la Nación si los medios no “muestran” ese acto “adecuadamente” puede pasar inadvertido.

    SALVO PARA LOS LECTORES DEL BOLETIN OFICIAL

    Pensar también que, en los “libretos”, el periodismo se presenta con la figura del “cuarto poder”. Como un contrapoder para equilibrar los posibles desvíos de los otros tres poderes que funcionan en toda República: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Pero en ese “ideal” debe darse el marco en un regimen de verdadera libertad, donde el individuo se considere superior al Estado y el periodismo intente controlar al Estado para que no avance sobre el individuo, lo masifique y lo incorpore a las distintas hegemonías. Esas hegemonías planteadas desde lo profundo de nuestra historia y a las que se tiende en nuestro país en el acto de gobernar.

    EL FUTURO YA LLEGO

    Aún sigue siendo materia de estudio cómo, a través de distintos medios, como el económico, se intenta manipular a los medios. Es el fruto, el devenir, de la sociedad capitalista, consumista, devenida en un postcapitalismo “salvaje” o como se lo quiera llamar.

    Este mismo “progeso” hizo que muchos de nosotros pudiera contar con una PC en casa y publicar en internet contenidos propios, donde nos ubicamos en comunicadores, lo que nos permite prescindir de un “medio”. Entonces, ¿esto atenta contra el periodismo?, ¿iremos hacia una democracia directa donde cada uno de nosotros podrá hacerle saber sus necesidades a los dirigentes de turno?...
La realidad indica que el periodismo ha sobrevivido a varios “profetas” que anunciaron su desaparición y cada vez, con mayor asiduidad, los dueños de los principales periódicos se reúnen para preguntarse cómo seguir. ¿Damos noticias generales o nos limitamos a una?, ¿elegimos a nuestros lectores o dejamos que nos elijan?..., los medios y los periodistas están obligados a reinventarse.

    Pero el periodismo siempre cuenta con un costado salvaguardado por cada trabajador. Es ese rinconcito del corazón bohemio que siempre encuentra, en una rendija, un cachito de libertad, o una mera tendencia, la esperanza (definiría nuestro columnista Salvador Dellutri) que nos salvará y se dirá lo que se piensa: la verdadera opinión. Aunque más no sea en alguna página del interior de cada medio.... estará ese lector exigente, del que hacíamos mención sabrá encontrarla, sabrá interpretarla y –lo más importante- sabrá reconocerla en esa “carta al Director” que muchas veces reconforta, y mucho, el alma.

    A. A.

 

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