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   Miércoles, 22 de Noviembre de 2017
Opinión 
Edición: 2256 - Fecha: 20 de Mar, del 2015
No queremos flores, ¡NO!

El 8 de marzo se conmemoró el Día Internacional de la Mujer y en muchas ciudades se repitió el «festejo» en honor a ellas. Sin embargo es lamentable observar como desde las propias organizaciones no se tiene en cuenta el verdadero sentido de ese día y, lo que es peor, es más lamentable comprender que las mujeres que asisten a ellos se prestan a esa mentira montada.

     Pero en la conmemoración del Día Internacional de la Mujer se ocultan ciertos aspectos de éste que ha institucionalizado el paternalismo. Pues las felicitan, les regalan cosas y las tratan bien y con amor. Pero el 8 de marzo es un día dentro de la lucha de décadas de las mujeres de varias partes del mundo que, llegando a consenso, pudieron elegir un día de la historia para hablar de su lucha por la emancipación.

    Ya en 1910 se proclamó el Día Internacional de la Mujer en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas reunida en Copenhague, donde se reiteró la demanda de sufragio universal para todas las mujeres y se proclamó el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

    Sin embargo fue el 19 de marzo de 1911 cuando conmemoraron por primera vez su día en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza, con reuniones a los que asistieron más de un millón de personas, que exigieron para las mujeres el derecho de voto y el de ocupar cargos públicos, el derecho al trabajo, a la formación profesional y a la no discriminación laboral.

    Seis días después, el 25 de marzo de ese mismo año, un hecho marcó la historia: el incendio en la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist de Nueva York donde murieron 146 mujeres y 71 resultaron heridas. La gravedad del desastre hizo que se modificara la legislación laboral en Estados Unidos y en las celebraciones posteriores del Día Internacional de la Mujer se hizo referencia a las condiciones laborales que condujeron al desastre: las puertas de la fábrica se cerraban con llave para que las trabajadoras cumplan con su horario laboral.

    La historia detrás del Día Internacional de la Mujer es amplia y tiene su origen en los abusos del capitalismo de principios del siglo XX cuando empieza a consolidarse el modelo económico capitalista en el mundo y necesita validarse de una manera rápida y empezar a producir. Por ese motivo el capital no discriminó a niños y niñas, mujeres y hombres que cayeron en sus redes, con condiciones de vida y laborales paupérrimas, jornadas de 12 horas, sin protección a la maternidad, sin seguridad en los lugares de trabajo, con salarios míseros y un trato despectivo, entre muchos otros aspectos. Todo lo anterior sumado al patriarcado reinante, con trabajos en las textileras solamente para mujeres, pues ellas no podían desarrollarse en otros rubros y se les mantenía amenazada para que no se movilizaran.

    Aun así, a pesar de todo lo que tenían en contra, las mujeres decidieron organizarse de manera reiterativa, hacían asambleas y trataban de quebrantar esas malas condiciones exigiendo dignidad.
A modo de reflexión, podemos dar cuenta de que a pesar de la organización, lucha y muerte de mujeres obreras, hoy en día se celebra un día prácticamente comercial, donde se les regalan flores y se le ofrecen un día de consumismo, donde se desvirtúa la lucha por la libertad, existiendo discursos que hablan del poder y la mujer, cuando ha sido el poder el que ha mantenido durante años a la mujer sumisa y en un estado de latencia, donde son bombardeadas con publicidad para cambiar sus cuerpos, para esconder su realidad y donde tienen que proyectar una imagen de mujer exitosa y en progreso, donde las luchas de las mujeres han sido ganadas sólo para poder optar a derechos como el votar, el de acceder a cargos públicos y usar falda corta y bikini, a eso ha llegado hoy la emancipación de la mujer.

    Por todo esto la consigna «No queremos flores, queremos memoria para la lucha» tiene un fuerte significado, porque en realidad no hay nada que celebrar por la muerte de mujeres trabajadoras a manos de patriarcas capitalistas. Porque las mujeres no tienen que contentarse con recibir flores, chocolates, peluches o cartas que expresen el amor romántico y dominante.

    Porque no tiene que domesticarse y estar feliz, porque al menos un día en la historia, se las «celebra».
El 8 de marzo de cada año debe servir para reflexionar sobre más de un siglo de historia, para analizar el presente y para proyectar el futuro de la igualdad del género. Todo lo demás responde al circo comercial del que el capitalismo y los grupos de interés hacen uso. Desde el florista que desde temprano aparece en las esquinas más transitadas para que el hombre le lleve una flor a su mujer y quede bien, hasta aquellas mujeres que creen que ese día deben producirse con las mejores pilchas y maquillaje y salir a tomar una copa o a cenar entre amigas para «celebrar» que «somos mujeres» reforzando estereotipos impuestos por la sociedad de consumo. Continuar por ese camino no hace más que dar un paso atrás en la historia a aquellas verdaderas trabajadoras que, sin dejar de ser mujeres, lucharon por el respeto y la igualdad.

 

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