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Opinión 
Edición: 291 - Fecha: 6 de Ene, del 2004
Vienen por más

El gobierno de Kirchner, las presiones de Estados Unidas y la lucha piquetera .Los yanquis y el FMI vienen por más. Hasta ahora la presión sobre la Argentina por el pago de la deuda en “default” venía del lado de los gobiernos europeos y japoneses.

     Una misión del Fondo vino a la Argentina y evaluó el cumplimiento de los acuerdos, en su primer trimestre. El directorio del Fondo se fue de vacaciones sin calificar ese primer examen del gobierno de (Néstor) Kirchner. Más aún, envió una delegación a decir: ustedes nos dijeron que iban a crecer un 4,5% del PBI y crecieron el 8%, nos dijeron que iban a recaudar “un poco” más de impuestos y recaudaron un 42% más, dicen que la desocupación bajó mucho, que el comercio se reactiva... Eso demuestra que pueden pagar de deuda externa mucho más de lo que han acordado.

    Como prueba de que no era solo “chamuyo”, en la semana pasada el FMI hizo correr rumores de que si el gobierno argentino no aceleraba y mejoraba su propuesta para la negociación de la deuda en “default” (cesación de pagos), el Fondo rompía el acuerdo firmado meses atrás.

    PATOTEROS

    Hasta ahora la presión sobre la Argentina por el pago de la deuda en “default” venía del lado de los gobiernos europeos y japoneses. ¿Qué cambió? Que ahora es el gobierno de Bush el que se puso a la cabeza de esas presiones y amenazas. Por eso, su representante en el Fondo, la “bruja” Anne Krueger, ya actúa como lobista de los usureros de Wall Street y los “fondos piratas” que compraron bonos de la deuda argentina a precio de remate, porque estaban en mora, y ahora quieren cobrarlos como si fuera “de primera”.

    Los “cerebros” del holding Clarín, Van der Koy y Morales Solá, “explican” que el cambio de política de Bush se debe a que necesita juntar fondos para las elecciones y los banqueros lo presionaron con el “caso argentino” (le habrían ofrecido a Bush, como “contribución” para la campaña electoral, “bonos de la deuda externa argentina”: una cargada). Tambión, los columnistas del holding Clarín dicen que los yanquis presionan para que la Argentina vote contra Cuba en la cuestión de los derechos humanos, porque Bush necesita el voto de los “gusanos”, los cubanos de Florida. Esta explicación toma una parte cierta de la realidad, para tapar la otra parte de esa realidad, lo de fondo.

    
Las declaraciones del patotero Powell (ver recuadro en pág. 3) son claras sobre lo que hay, de fondo, detrás del nuevo apriete de los yanquis y el FMI a la Argentina. El gobierno de Bush ha trazado su política mundial y regional, para el año 2004. Si la Argentina quiere un trato “de amigo” —avisan los yanquis— tendrá que actuar “como amigo” en esa estrategia mundial y regional. Basta de “gambetas”, es lo que "avisan" los yanquis: no va más eso de dejarnos plantados en el “Aguila 3” (las maniobras conjuntas en Mendoza que fueron suspendidas por el gobierno de Kirchner), nada de apoyar a Evo Morales en Bolivia, nada de perdonar el 75% de la deuda de Cuba con la Argentina y votar en contra de la condena al gobierno de Fidel Castro, basta de gastar plata para salvar a sus “amigos” de Clarín (que están en default con bancos nuestros), o engordar negocios de empresas como Aluar y Techint, que compiten con las nuestras, o para hacer “populismo”. La Argentina, están diciendo, tiene que embarrarse en Irak, Colombia y la Triple Frontera, condenar a Cuba, colaborar en Bolivia, trabajar para el ALCA, garantizar maniobras para que los soldados del Comando Sur yanqui preparen a los de la Argentina para hacer “trabajos sucios”, y si tienen más plata, paguen más deuda externa. El mensaje de los yanquis es claro: si ustedes “gambetean”, nosotros les vamos a jugar con “los tapones de punta”.

    FORCEJEOS

    En realidad, al crecer el producto bruto nacional el 8%, (bastante por encima de lo que había estimado el gobierno), creció el "piso" sobre el que se calcula el 3% que se llevará el Fondo: un “regalo” extra de cerca de $ 300 millones.

    Kirchner le contestó al Fondo que no aceptará cambios en el acuerdo. Lo apoyaron Duhalde y Alfonsín (con el que el presidente compartió el palco durante un acto en Chascomús). Lo avalaron no solo los grupos empresarios cercanos al gobierno (como Techint, Aluar, Clarín, Ledesma, etc.), sino también Pagani, cabeza de Arcor y presidente de la Asociación de Empresarios Argentinos (la organización patronal que reemplazó al CEA y se amplió con otros grupos poderosos).

    Es “razonable” el aval de esos monopolios, porque el aumento de la recaudación es la "canilla" para los negocios que comprometió el gobierno, en beneficio de algunos de esos grupos ($ 1.000 millones para llevar la red nacional eléctrica a las plantas de Aluar, 250 millones de dólares para el gasoducto que construirá Techint, etc.), y les facilita a esas empresas renegociar (en condiciones semejantes a las del gobierno) sus inmensas deudas externas.

    El problema de fondo es que, en un país oprimido por la dependencia y el latifundio como el nuestro, la riqueza que produce el aumento de la producción gotea poco, muy poco, hacia abajo, sino que se lo disputan los de arriba.

    Así, en los últimos meses ha venido aumentando la canasta de alimentos básicos, castigando los bolsillos del pueblo. Esto se agravó hacia fin de año, cuando creció el consumo de las capas medias y rápidamente el comercio monopolizado por los supermercados comenzó a remarcar. Mientras esto sucede, los aumentos anunciados por el gobierno ($ 50 para los trabajadores del sector privado, y suba del salario mínimo a $ 350), y el anterior retoque a las jubilaciones y pensiones y la suba de su mínimo, no habían alcanzado a compensar el aumento del costo de la vida producido que se venía acumulando desde la devaluación. Ahora, al crecer la producción y aumentar el costo de los productos básicos, los salarios, jubilaciones y pensiones vuelven a perder terreno.

    La situación es peor todavía para los desocupados. El “aguinaldo” de $ 50 ayudó en algo la situación de diciembre. Pero ahora seguirán con los $ 150 que están congelados desde la época de Duhalde. También empeora para los estatales y para la mitad de los trabajadores que están en negro, que no recibieron los aumentos de los privados.

    Aunque la recaudación de impuestos anual aumentó un 42% ($ 31.500 millones), muy por encima de lo que había previsto el gobierno, las partidas destinadas a gastos sociales, educación y salud se aumentaron muy por debajo de ese porcentaje. Incluso se recortaron partidas en el presupuesto del año próximo como los $ 8 millones para las becas a los universitarios, que estaban en el presupuesto aprobado para 2004 y el Poder Ejecutivo los vetó. Además, fuera de la devolución del 13% que les habían robado De la Rúa y Cavallo a los salarios de los estatales, éstos siguen con sus salarios congelados.

    LA LUCHA OBRERA Y POPULAR

    La leve recuperación de la economía del país va mostrando que los yanquis, el FMI, los monopolios imperialistas y los terratenientes, pelean para que todo aumento de la riqueza nacional vaya a parar a sus bolsillos. Sin piedad. Entre otras razones porque todos ellos consideran que este "veranito" no pasa de abril, según unos, o de junio, según otros.

    El gobierno, forcejea frente a las nuevas presiones de los yanquis y el Fondo, deja gotear poco, muy poco, para abajo, y le garantiza buenos negocios a los grupos monopolistas y terratenientes amigos.

    Esta política del gobierno con grandes grupos monopolistas y terratenientes también aparece, en las negociaciones por una nueva ley de “flexibilización laboral” que reemplazaría a la trucha, comprada por las patronales con “la Banelco”. Así, Kirchner le dijo a Clarín que: “Los dirigentes de la CGT ‘los gordos’ son los que mejor entienden una nueva legislación. (…) No se trata de anular todo”, (Clarín, 4/1/04). Dice esto, cuando la ley "de la Banelco" fue impuesta (comprada) por las patronales monopolistas y los terratenientes, con el apoyo de "los gordos", para hacer caer los convenios que se venían manteniendo desde el ’76, con lo que liquidaron todas las conquistas de los años 70; e impusieron los convenios por empresa según el modelo superexplotador del de la Toyota, creando las condiciones para liquidar el sistema de gremios por rama para dividirlo en gremios de fábrica, "a la medida" de cada patronal.

    Por eso, no hay que esperar. La clave está en que la clase obrera y el pueblo hagan lo que tienen que hacer: luchar pasando por encima de los jerarcas propatronales. Como se ha visto con el paro de los trabajadores de los bancos extranjeros. Hay condiciones para la lucha salarial de los ocupados, en primer lugar de los estatales, empujándola desde las asambleas de los lugares de trabajo, comisiones internas, cuerpos de delegados y sindicatos combativos.

    Tratan de tapar la gran jornada del 20 de diciembre (ver nota en páginas centrales), con alrededor de 150.000 personas movilizadas en todo el país, y el gran acto de 20.000 trabajadores y luchadores clasistas, comunistas, peronistas y antiimperialistas en la marcha a Plaza de Mayo, y actos unitarios en varias provincias. La campaña antipiquetera, las provocaciones a la columna de la CCC y otras fuerzas, y la bomba en el acto del "bloque piquetero", trabajaron para dividir y restar fuerzas, y ocultar el balance positivo de la gran jornada. Ahí se demostró que hay condiciones para la lucha por un aumento inmediato del monto de los planes sociales y extenderlos a los desocupados que todavía no lo tienen, sobre todo a la juventud y los mayores. Y también, para la lucha por el aumento de las jubilaciones y pensiones.

    Es una lucha en la que debemos trabajar para que confluyan los tres afluentes del movimiento obrero: ocupados, desocupados y mayores; uniéndolos en la lucha por la anulación de la ley trucha de flexibilización laboral, por la amnistía de los 4.000 luchadores populares procesados, contra la campaña para liquidar al movimiento piquetero y los cortes de ruta, al que atacan por haber sido el principal protagonista de la lucha contra el hambre, la entrega y la represión. Y creando condiciones para la unidad con las luchas por los reclamos de los pueblos originarios, el movimiento estudiantil, los campesinos y demás sectores populares. Y profundizando la lucha por la investigación de la deuda externa y la anulación del convenio con el FMI.

    La pulseada ya empezó. Los de arriba vienen por más, y se pelean entre ellos por el reparto. Los de abajo deben unirse para ir por lo suyo. Para avanzar en el reagrupamiento de fuerzas que, por el camino trazado por el Argentinazo, garanticen un gobierno de unidad patriótica y popular.

    EL MATON POWELL PUBLICITA EL PLAN DEL MATON BUSH

    El secretario del Departamento de Estado yanqui, Colin Powell, publicó un documento en el que detalla las políticas de Estados Unidos para el mundo, en este año 2004. El Departamento de Estado fue definido alguna vez como el “Ministerio de Colonias”; su jefe, Powell, llegó a la fama con la anterior guerra contra Irak, tirando misiles (publicitados por su supuesta "precisión milimétrica") que hicieron estallar guarderías infantiles y hospitales, en nombre de la “libertad”, la “democracia” y la “guerra contra el terrorismo”. Powell, además, les cae “simpático” a los diplomáticos de las otras potencias que buscan negociar con los yanquis el nuevo reparto mundial. Acaso sea por eso que Clarín y La Nación lo miman (lo consideran algo así como el sector “racional” al lado del loco Bush).

    La cuestión es que el “racional” Powell ha dicho que “el formidable poder de Estados Unidos debe continuar siendo desplegado”. Afganistán e Irak, los dos países invadidos y ocupados militarmente, son el ejemplo que da, Powell, de ese “despliegue”, cuyo objetivo primero es “un Medio Oriente libre y democrático”. Esto quiere decir, que van a seguir ahí, a cualquier costo, para controlar el petróleo del Medio Oriente y el Mar Caspio. El segundo objetivo de este general que tiraba misiles sobre guarderías y hospitales es una “Cuba Libre”. El tercero es “ayudar” a “las jóvenes democracias que han surgido en América Latina, Europa, Asia y Africa, con la receta de “pactos de libre comercio”, lo que para América Latina significa, entre otras cosas: ALCA, sí o sí.

    Powell hace público que “las relaciones con Rusia, China e India mejoraron en 2003”. Le ofrece a China, Japón, Rusia y Corea del Sur, negociar sobre Corea del Norte; y a “nuestros socios, la ONU, la Unión Europea y Rusia” negociar el conflicto palestino-israelí. De donde solo el imperialismo ruso es “jerarquizado” como potencia “mundial” (le ofrecen negociar en las dos regiones en que los yanquis están dispuestos a hacerlo), mientras que los demás imperialismos son considerados “potencias regionales”. Y a las Naciones Unidas también le reserva un papel “regional”.

    Ricardo Fierro (NOVA)

 

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