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   Domingo, 19 de Noviembre de 2017
Opinión 
Edición: 261 - Fecha: 31 de Oct, del 2003
Entre la reflexión y el miedo

Así como entre el blanco y el negro existen una infinita gama de grises, en la realidad hay infinitos matices, algunos muy sutiles, que hay que descubrir y ponderar adecuadamente.

     Indagar sobre esa diversidad fue la tarea que se impusieron los filósofos antiguos y lograron infundir al pensamiento occidental una dinámica hasta entonces desconocida.
El actual fenómeno de la globalización colocó en la vanguardia del mundo a una sola potencia dominante permitiéndole ejercer una influencia avasallante sobre los países latinoamericanos. Su poderío económico le permite difundir profusamente su materialista estilo de vida.

    A diferencia de los europeos, el norteamericano parece no percibir en la realidad ningún matiz; a la sutileza del pueblo inglés contrapone como reacción una visión contrastante y maniquea de blancos y negros absolutos: El mundo se divide entre buenos y malos, santos e impíos, capitalistas y comunistas, pro norteamericanos o anti norteamericanos. La percepción de la realidad se realiza a través de un poderoso filtro que impide percibir la riqueza de los matices.

    Su extremo pragmatismo concibe a las ideas sólo como herramientas para alcanzar objetivos. El pensamiento filosófico ha resignado su importancia ante el aplastante avance de la técnica, generando una sociedad donde el "¿cómo?" es más importante que el "¿por qué?".

    Las universidades, que son verdaderos centros económicos, elaboran programas para formar expertos tecnócratas dispuestos a servir sumisamente al Estado o a las grandes corporaciones, porque carecen de una visión global del conocimiento y no están capacitados para la reflexión o la autocrítica. Esta falta de complejidad en el pensamiento se nota especialmente en quienes se especializan en las ciencias humanas, que tienden a la esquematización simplista y las conclusiones ingenuas.

    Con esta visión de la realidad orientan su política internacional. Una prueba contundente fue la entrada en Bagdad: Creían que el pueblo los iba a aclamar como libertadores y terminaron embretados en un problema que promete convertirse en otro Vietnam.

    Acabo de regresar de los Estados Unidos. Mi observación es que hoy la constante es el miedo. Un miedo sordo y latente que se pone en movimiento en cada contingencia. La Estatua de la Libertad puede visitarse, pero solo desde el exterior; el museo y el mirador son inaccesibles al público. Para acercarse a la Campana de la Libertad en Filadelfia, que está en un pequeño ámbito cerrado en una pequeña plaza, hay que pasar por una revisación exhaustiva. Para visitar el museo de la isla de Elis, donde llegaron los inmigrantes, hay que pasar por un control de rayos equis, sacarse los zapatos y el cinturón, etc. La Bolsa de Nueva York cerró su antiguo mirador por donde podía seguirse los vaivenes del mercado desde aquél fatídico once de septiembre y está rodeada de vallas, policías fuertemente armados y con perros adiestrados. El parque que rodea al obelisco en Washington está siendo vallado para poder controlar a quienes quieran ingresar. Los controles en los aeropuertos rayan en muchos casos lo ridículo. En el subterráneo pueden leerse anuncios en inglés y en español que solicitan se denuncie cualquier movimiento sospechoso que se perciba entre el pasaje con toda rapidez. Todo esto es solo una muestra del estado de tensión en que se encuentra un país que hasta hace dos años se presentaba como el paraíso de la libertad. Se acabó el tiempo en que las guerras sucedían detrás de los muros, ahora puede estar presente en cualquier lugar.

     Esto genera un creciente clima de sospecha y recelo sobre todo el que cuestiona la política del Presidente Bush; intelectuales de la talla de Noam Chomsky, cuyos brillantes análisis sobre la realidad norteamericana son conocidos y valorados en todo el mundo, son prácticamente desconocidos para sus compatriotas.

    En una visita a las Naciones Unidas - donde también las medidas de seguridad se extremaron - nos acompañó una mujer de Senegal para informarnos acerca de todo el esfuerzo que hacen por mantener la paz. La pregunta se imponía: ¿Qué sanción recibiría Estados Unidos por haber invadido Irak para destruir armas de destrucción masiva inexistentes luego de haber recibido la advertencia de los veedores de las Naciones Unidas?
Con mucha paciencia me explicó el mecanismo de veto que privilegia a los Estados Unidos junto a otras cuatro naciones, que puede dejar sin efecto toda sanción. Al despedirse tuvo una frase lapidaria. Dijo: "Aquí nos esforzamos por la paz, pero milagros no podemos hacer"
Tiene razón. Los milagros son patrimonio de Dios. A los hombres solo nos cabe reflexionar. Quiera Dios realizar el milagro de hacernos reflexionar.

    Salvador Dellutri

 

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