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   Domingo, 19 de Noviembre de 2017
Opinión 
Edición: 240 - Fecha: 29 de Ago, del 2003
Vivir con cicatrices

Tengo debajo del mentón una ahora casi imperceptible cicatriz. Cuando apenas tenía cinco años caí de bruces y el filo de una baldosa me abrió un tajo que sangró profusamente.

     Durante varios días tuve que soportar el incómodo vendaje y luchar contra la tentación de tocar la herida. Finalmente se hizo la costra, me retiraron las vendas y aprendí a convivir con esa cicatriz que me acompaña hasta hoy. Cada vez que la veo esbozo una sonrisa recordando la infeliz caída, el pánico, el dolor, la sangre y el llanto. Pero el tiempo la transformó en un recuerdo que ya no duele.

    Lo mismo me pasó con otras heridas, las del alma. Como a todos los mortales me tocaron recibir muchas y tuve que aprender a dejarlas cicatrizar, porque es preferible llevar una marca como recuerdo que soportar un permanente dolor. Guiado por el saber de los antiguos, ajenos a los dislates del psicoanálisis, no intenté reabrir continuamente las heridas ni revolver histéricamente el pasado. Tengo la lucidez necesaria como para saber que lo más importante es construir el futuro y me aboco a trabajar mirando hacia delante. Vendar en silencio las heridas del alma hace que el dolor se disuelva y deje paso al recuerdo.

    Hoy puedo decir que allí están, forman parte de mi historia, ayer dolieron pero ya no duelen: Son cicatrices. ¿Por qué no las mantuve abiertas? Porque manteniendo heridas abiertas uno se hace esclavo del pasado y no se puede avanzar mirando hacia atrás.

    Hago estas consideraciones porque me inquieta el futuro de los argentinos. Somos una nación con profundas heridas todavía abiertas, que dividen y generan odios que se retro alimentan cíclicamente impidiendo la cicatrización. Dentro de escasos días van a cumplirse veinte años de nuestra democracia y todavía la sangre y el odio están a flor de piel.

    Los espectros de la tenebrosa noche del pasado vuelven una y otra vez a ocupar la primera plana de los diarios. Son los nombres malditos del ayer, para ellos parece que el tiempo no ha pasado, conservan la misma soberbia y el mismo odio. Van envejeciendo y tienen el extraño poder de tenernos mantenernos sujetos a ese pasado negro que no podemos conjurar.

    Extrañamente, como en las películas de terror, cada vez que tratamos de proyectarnos hacia delante recibimos la visita de los muertos vivos que regresan. Son como una maldición que pesa sobre nuestras cabezas.

    La falta de justicia unida a decisiones insensatas que atendían a las necesidades coyunturales de la política sin tener en cuenta las consecuencias, nos llevaron a este oscuro callejón sin salida. Por eso es difícil que sean los políticos, que en nuestros país son hombres mediocres, de visión limitada y sin autoridad moral, quienes puedan trazar un camino de salida. Pero tampoco contamos en este momento con referentes que puedan ayudarnos a cerrar este capítulo.

    ¿Cómo hicieron países afectados por la guerra para superar su pasado? ¿Cómo hicieron para sepultarlo y proyectarse hacia el futuro? ¿Qué tendríamos que hacer para cerrar este capítulo negro de nuestra historia? Son preguntas para las que no tengo respuestas, y creo que nadie la tiene, porque nadie puede arrogarse la capacidad de tener un respuesta que conforme a todos. Las heridas sociales son la suma de las heridas personales y sólo cuando estas cicatrizan puede curarse el cuerpo social, pero ningún decreto puede cerrarlas...

    Sin embargo tenemos que pensar que también es cierto que no se puede vivir con las heridas permanentemente abiertas, que no podemos seguir atados al pasado, que todos tenemos que buscar la forma de hacerlas cicatrizar. Porque mientras permanezcan abiertas no tendremos futuro.

    Hay que poner un verdadero punto final, es imprescindible, pero no se puede poner unilateralmente. Mientras más tiempo pase, mientras más revolvamos las heridas menos posibilidades tenemos de sanarlas.

    ¿Cómo hacerlo? No tengo respuestas, solo preguntas. Pero tengo una certeza que quiero compartir humildemente con mis conciudadanos con el sólo objeto de abrir un campo de mesurada reflexión: Hasta que no logremos cicatrizarlas será muy difícil que podamos avanzar con paso firme hacia el futuro.

    Salvador Dellutri

 

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