San Miguel   BUSCADOR
  T.19° H.94% S.T.21°       
Opciones Avanzadas
 
   Jueves, 23 de Noviembre de 2017
Opinión 
Edición: 1786 - Fecha: 3 de Nov, del 2010
El mensaje, en la gente.

Fueron poco más de veinte horas con imágenes desgarradoras. Una multitud se acercó para darle el último adiós al ex Presidente y Diputado Nacional Néstor Carlos Kirchner en la Casa de Gobierno. Al pasar frente a los restos, custodiados por su señora esposa, la actual Presidenta, y sus hijos, familiares y funcionarios, la gente, en sí misma, fue un mensaje.

     Con el silencio, a los gritos o con el llanto dieron gracias y replicaban el mensaje, una y otra vez, que él mismo había pregonado en vida. La defensa del proyecto Nacional y Popular y el acompañamiento a la Presidenta para profundizar los cambios: “Gracias Néstor”, lo primero, “Aguante, Cristina”, lo segundo.

    Las horas finales de la despedida en la Casa Rosada transcurrieron en el mismo clima de emoción que el incesante peregrinaje de los ciudadanos le había impregnado desde las 10 del jueves, cuando se abrió el acceso de la planta baja, hacia la Galería de los Patriotas Latinoamericanos. Allí, continuaron sobrando lágrimas por la pérdida pero también gritos de aliento a Cristina Fernández.

    Fue tal el acompañamiento que muchos debieron moderar sus discursos, sobre todo los medios en desacuerdo con la política llevada adelante por la actual gestión, que debieron irremediablemente guardar respeto ante las peores horas de la Presidenta Cristina Fernández.

    Si los jóvenes habían definido el color y la composición del homenaje en la Plaza y durante el interminable transcurrir del jueves, su presencia también volvió a quedar en primer plano en el tramo final del velatorio. Varias veces, la Presidenta, se acercó para acariciar el rostro de alguno, recibir remeras y banderas que, por su expresa instrucción, fueron guardadas con esmero por algunos de los ministros y su hermana.
La emoción dejó de ser contenida cuando un payador entonó la Marcha Peronista. También cuando alguien se autoproclamó productor agropecuario, se paró frente a Cristina Fernández y dijo: “Kirchner fue el presidente que más rentabilidad le dio al campo”. Por primera vez se inclinó hacia el cajón, casi quebrada. Luego caminó para agradecer con el abrazo.

    Néstor Carlos Kirchner llegó a conducir los destinos del país con la mínima diferencia, pero enaltecido por su adversario ocasional de aquel ballotage del 2003 (que no le permitió lograr la contundencia que lo legitimara en las urnas porque huyó antes de la definición), sin embargo desde ese 20% fue de menor a mayor.
Fue subestimado. Pero los hechos, en la interminable despedida que el pueblo le otorgó, dejan a las claras que su mensaje fue escuchado por muchos.

    Tuvo muchos errores que fue pagando gracias a su vehemencia. La misma que lo llevó a los aciertos que también fueron muchos y quizás –la historia lo dirá- más importantes que los primeros.
En estos últimos días, desde su fallecimiento el 27 de octubre, se dijeron muchas cosas, se lo enalteció con palabras y presencias. Argentina volvió a conmocionarse, algo que parece ya una característica de nuestro pueblo y su historia.

    Cada uno rescatará lo que dejó su paso por Balcarce 50. Aquí nos toca reconocer algo que fue-y lo es- palpable. Que se ve en los rostros sobre todo, de sus seguidores más jóvenes.

    Quizás pasó desapercibido pero no fue una casualidad que fueran muchos jóvenes a despedirlo en la casa de Gobierno. Eso tiene su explicación en lo que –humildemente- creemos es su legado más importante.
A partir de su asunción como Presidente en el año 2003 marcó diferencias notables con la década del 90, a pesar que el signo partidario en el poder fue el mismo.

    A la proclamación de la muerte de las ideologías, el descreimiento y descrédito de la política, a un Estado simplemente espectador del mercado, Kirchner llamó a revitalizar las bases, a conversar de política en las unidades básicas, a volver a demarcar la derecha y la izquierda, a sostener la soberanía económica en los hechos, a transformar al Estado con las fortalezas de otras épocas y a empezar a darle protagonismo en áreas sensibles como lo social, educativo y sanitario.

    Todo ello a inculcarlo en los más jóvenes y a partir de allí a generar un mensaje de esperanza y demostrar que la política también es para otra cosa que cobrar impuestos y pagar sueldos.

    Y esa idea lo plasmó en su quehacer diario. Fue vehemente, es verdad, para delimitar las “veredas” en la política, y allí encajó el retomado proyecto Nacional y Popular que cautivó a los que pasaban los ´50 y también a los jóvenes, el resto estaba demasiado infiltrado del descreimiento político. Esa fue su bandera que defendió enérgicamente y que buscaba insertarla en el contexto latinoamericano que lo ayudó –pero que junto con Lula Da Silva también buscó, hay que reconocerlo- y donde el mapa “sudaca” empezó a teñirse de un color que puso nervioso no sólo a Clarín, sino también a los republicanos del norte.

    Su propuesta debía cortarle el paso a quienes tenían el acceso libre a los pormenores de entrecasa, quienes decidían desde otras latitudes cuáles eran las mejores políticas en materia económica que nos sacarían de las crisis pero nos mantendrían como país “emergente” forever. Ese adversario sí que estuvo a su altura, o por lo menos seguramente que menor no lo fue, por lo que recibió apoyos incondicionales pero también voces que desde adentro advertían sobre la desconexión del país en materia internacional, algo así como querer apagar el fuego apuntando la manguera para otro lado, aproximándonos –si se quiere- a una metáfora de Perón.
No fue el único interés que decidió enfrentar. Y detengámonos en esto un momento: fue él quien decidió enfrentarlos porque creyó que era lo que debía hacer. Tomó la decisión y eso es otra de las cuestiones que la larga fila para despedirlo le agradeció.

    Retomemos. Todavía muchos se preguntan si en el conflicto con el campo el Gobierno perdió su “pulseada” o qué costos políticos debió pagar. Tal vez eso no sea lo importante, ya que permitió dejar en claro qué intereses se mueven de un lado y del otro y hasta qué punto influyen en la vida de cada uno de nosotros, pero Kirchner no dudó en plantear el conflicto y defenderlo involucrando –tal vez exageradamente- a quienes se decían con él pero tomaban una posición más tibia. Ese fue su estilo, equivocado o no.

    Pero dejó su mensaje, aquel que dijo cuando asumió la Presidencia y muchos no le creyeron. Había advertido que entraba a la Casa de Gobierno no para dejar sus convicciones afuera y lo hizo ganándose adversarios y sumando incondicionales, rompiendo el protocolo, mezclándose en la multitud, sin corbata y con su saco cruzado desabrochado sin hacerle caso a su propia salud.

    Fueron horas de un profundo dolor tras la noticia. Se vio reflejado en los rostros que desfilaban por la Galería de los Patriotas Latinoamericanos para darle el último adiós y decirle, a quién quiera oír también, lo que ése Presidente les había hecho sentir durante su gobierno. Un reconocimiento que cruzó fronteras y enlutó por tres días a todo el sur del continente, algo inédito para un dirigente hasta el momento.
No quedan dudas que Néstor Kirchner interpretó el mensaje de la gente en el peor momento de la Argentina y logró inyectarle esperanza. Y el pueblo salió a reconocerlo, conmoviéndonos a todos. ©ALN

 

VERSIÓN IMPRESA

 

 ENCUESTA
¿que opinas sobre los próximos aumentos que se aplicaran en 2018?
Es justo
Injusto
Votar  Ver resultados  Opiná:Foro
 
 AUSPICIANTES

 

 
 
 Mas Noticias
Administrador del Sitio: Jairo Valencia
Director: José Valencia    Relacionista: Luis Molina E.    Diseño y Programación Web: Diosquez Fernando
Tel: (54-11) 44552022 |  Dirección: Blasco Ibañez 1846 Distrito de San Miguel, Provincia de Buenos Aires, Republica Argentina.  |  E-Mail: info@aquilanoticia.com
www.aquilanoticia.com, Todos los derechos Reservados , Prohibida su reproducción parcial o total sin la autorización de aquilanoticia.com