San Miguel   BUSCADOR
  T.19° H.94% S.T.21°       
Opciones Avanzadas
 
   Sábado, 18 de Noviembre de 2017
Opinión 
Edición: 1661 - Fecha: 27 de Ene, del 2010
Universidad y poder político en Argentina

Por el encuentro de un círculo virtuoso entre Estado-Gobierno y Universidad. Se requieren mecanismos de financiamiento con fondos destinados a tratar cuestiones actuales, de interés e impacto social.

     A lo largo de su historia, la Universidad argentina mantuvo diversas y contradictorias relaciones con el poder político. La producción de conocimiento desarrollado desde sus aulas nació como desafío al estatuto eclesiástico. Padeció embates dictatoriales, fue cuna de ideas renovadoras y delimitó los márgenes del orden establecido. La Universidad Pública argentina atravesó por todas esas etapas y se ubica frente al desafío de contribuir con un nuevo escenario regional y nacional, signado por la puja entre Estado y mercado.

    Para desentrañar algunos aspectos de las relaciones entre conocimiento, Universidad y poder, APM entrevistó al sociólogo Juan Carlos Aguiló, Decano de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Cuyo.

    - ¿Cuál fue el origen de la relación entre Universidad y poder en Argentina?

    Tiene su gran hito en la Reforma Universitaria de 1918. En ese momento comenzó una construcción institucional en la cual el concepto de autonomía fue un valor central. En realidad, la autonomía está pensada como posibilidad de generar conocimiento en forma independiente respecto de los poderes de turno, políticos o fácticos –ya sean eclesiásticos, militares y/o político democráticos-. Esa autonomía se estableció de modo estricto en cuanto a la generación de conocimiento, al autogobierno y al manejo de recursos, por ejemplo. Un principio tan fuerte de autonomía, mirado a la distancia, marcó fortaleza a la hora de generar conocimiento autónomo desde la segunda década del siglo XX, pero recibió la influencia de fuertes intentos de atenuación.

    - ¿Cuáles fueron las tensiones que se manifestaron entre la autonomía universitaria y los gobiernos de Juan Domingo Perón?

    Durante el primer y segundo gobierno justicialista, se hizo visible esta tensión fundamentalmente en el debate por la reforma constitucional de 1949. Hubo una resistencia en el mundo universitario frente al intento de calificar el concepto de autonomía, habitualmente utilizado “a secas”. Aquel peronismo intentó incidir en los contenidos universitarios en relación a las características de la sociedad. Ello significó que desde el poder gubernamental se cuestionara esa autonomía “a secas” desde lo que podríamos llamar la pertinencia social del conocimiento, su aplicabilidad a problemáticas del momento y su vinculación con la sociedad. Se trató de una visión respecto de cómo la Universidad respondía al pueblo que la sostiene, para comprometerla más con la realidad social.

    - ¿Cómo reaccionó la Universidad?

    Provocó una fuerte tensión con el poder estatal. Hay que tener en cuenta que, en ese momento, los dirigentes de los claustros no tenían ninguna ligazón –o más bien lo opuesto-con el peronismo-justicialismo. Todavía los estudios superiores estaban muy ligados a las clases medias y altas. De hecho, es en este contexto que el peronismo creó, en 1948, la Universidad Obrera Nacional, decididamente guiada a la formación profesional de la clase obrera, sujeto central en la dinámica del gobierno justicialista. Esa experiencia hoy subsiste en la Universidad Tecnológica Nacional. Aquél clima de fuerte tensión se resolvió forzadamente, vía golpe de Estado, con la dictadura militar de 1955-1958. De ese modo la Universidad resolvió la controversia y preservó la idea de férrea autonomía.

    - ¿Cómo siguió la historia?

    Tiempos de golpes de Estado. Un hito en la relación entre Universidad y poder fue la llamada Noche de los Bastones Largos, en julio 1966, cuando se registró una clara intervención a la Universidad por parte del gobierno de facto del general Juan Carlos Onganía. En ese caso no se trató de tensiones o discusiones –como durante el gobierno de Perón- sino que se avanzó directamente con la fuerza y se desalojaron cinco facultades de la Universidad de Buenos Aires.

    - Fue ese el comienzo de una etapa oscura…

    Sí, claro. Finalmente, y sin punto de comparación con los dos hitos anteriores, podemos señalar el accionar de la última dictadura cívico-militar (1976-1983). Durante ese periodo se registró mucho más que intervenciones concretas: represión furiosa, intervenciones, nombramientos de militares como rectores, resoluciones y decretos gubernamentales, cierre de carreras y de facultades, expulsiones de docentes, trabajadores y estudiantes. En esa época se perdió completamente la autonomía, el autogobierno y, por supuesto, la generación independiente de conocimiento.

    - ¿Cómo se recuperó la Universidad luego de semejante golpe?

    Con la democracia se registro una recuperación y una restitución del concepto de autonomía. Pero en la década de profundización neoliberal, es decir en los años noventa, se dio una fuerte intención privatizadora. Un desmantelamiento que, más que atacar de frente al concepto de autonomía, se tiró contra la gratuidad, contra el carácter público e irrestricto. El eje central fue la matriz eficientista y empresarial. Además, y esto se vio en todos los niveles de la educación pública en nuestro país, se acometió con un fuerte ataque económico-financiero, a través las políticas de desfinanciamiento y ahogo presupuestario, como el congelamiento salarial. Esa situación tuvo su broche de oro en el gobierno que siguió al de Carlos Menem, a fines de los ’90 –el de la Alianza, con Fernando de la Rúa a la cabeza-: Ricardo López Murphy, ministro de Economía en marzo de 2001, esbozó la posibilidad de privatizar la Universidad Pública, ante lo cual la institución salió de lleno a las calles y logró la renuncia del funcionario. En realidad, la estrategia del estrangulamiento financiero comenzó en los noventa y el gobierno de De la Rúa fue el corolario de esa política. No sé cuánto tiempo más hubiese soportado la Universidad con ese tipo de presupuestos.

    - ¿Cómo impactaron por entonces las relaciones de subordinación al poder económico mundial?

    En la década pasada se dio una fuerte injerencia de los organismos financieros internacionales, sobre todo del Banco Mundial, sobre los programas de la Universidad, ingerencia que se expresó, por ejemplo, en la venta de servicios desde nuestras instituciones para generar fondos. En estos últimos años, si bien el presupuesto se ha recuperado, algunas de esas prácticas se han mantenido, aunque ya no sean los organismos internacionales los que obliguen a ello. Es decir, ha quedado instalada la lógica de venta de servicios; es una cuestión que está latente y que, tarde o temprano, deberá ser enfrentada: ¿Hasta qué punto se pueden emplear recursos públicos para efectuar estudios o consultorías en beneficio de grandes grupos económicos privados? Ello desemboca en la legitimación de investigaciones bajo demanda de intereses empresariales, lo que se observa sobre todo en las disciplinas mal llamadas “duras”, de aplicación industrial más directa, como la agronomía, la veterinaria y las ingenierías. Como decíamos, se trata de tensiones entre Universidad y mercado que deben ser resueltas.

    - En ese marco, ¿cuál es la relación entre la dirigencia política y la academia?

    Probablemente el mayor vaso comunicante lo hayan tenido la ciencia económica y la política económica. Quizás no tanto a través de la Universidad Pública, sino mediante grandes centros de estudio creados con cuadros universitarios -sobre todo a nivel nacional-, que acompañaron el trazado de políticas públicas. En ese sentido, sería interesante hacer algún tipo de estudio sobre los mecanismos financieros de esos centros de producción de conocimiento y el tipo de pensamiento que de ellos emerge, y cómo el mismo se proyecta y aplica en términos políticos. Durante la década de los ’90 se registraron experiencias de resistencia al modelo neoliberal. Por ejemplo, en la facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires es donde nació el Plan Fénix (programa económico que confronta con el neoliberalismo). Lo que sí me parece que ha sido saludable, en estos últimos años, es que la dirigencia política y legislativa viene apelando con más énfasis a la academia, lo que permite construir y una relación más madura. El armado de las políticas públicas requiere insumos de la Universidad. Ello ayuda a que más docentes enfoquen sus temas de trabajo en relación con esas políticas, por lo que vamos hacia mecanismos de financiamiento con otros fondos, más destinados a tratar cuestiones actuales que le interesan a la sociedad. De seguir ese camino puede dibujarse un círculo virtuoso entre Estado-Gobierno y Universidad.

    nbrite@prensamercosur.com.ar APM

 

VERSIÓN IMPRESA

 

 ENCUESTA
¿que opinas sobre los próximos aumentos que se aplicaran en 2018?
Es justo
Injusto
Votar  Ver resultados  Opiná:Foro
 
 AUSPICIANTES

 

 
 
 Mas Noticias
Administrador del Sitio: Jairo Valencia
Director: José Valencia    Relacionista: Luis Molina E.    Diseño y Programación Web: Diosquez Fernando
Tel: (54-11) 44552022 |  Dirección: Blasco Ibañez 1846 Distrito de San Miguel, Provincia de Buenos Aires, Republica Argentina.  |  E-Mail: info@aquilanoticia.com
www.aquilanoticia.com, Todos los derechos Reservados , Prohibida su reproducción parcial o total sin la autorización de aquilanoticia.com