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   Jueves, 23 de Noviembre de 2017
Opinión 
Edición: 1545 - Fecha: 26 de Jul, del 2009
Más vale tarde…

La mayoría estará de acuerdo que, en política, los gestos no son “todo” pero sí una parte importante en la convivencia democrática, sobre todo entre los principales dirigentes de las fuerzas políticas más importantes.

     Desde hace meses la oposición argentina, que nunca se pone de acuerdo en nada (o cuando lo hace termina como el proyecto de la Alianza) habría comenzado a plantear, desde distintos frentes, la necesidad de un diálogo.

    El oficialismo, con sus primeros aciertos tras la peor crisis económico-social y política del país se encerraba en su fórmula, apoyando su poder en el Partido Justicialista a través del destacado trabajo de contención militante de los Intendentes. Fue en las comunas donde asentó sus bases el kirchnerismo y allí trabajó arduamente en lo que creyó que se necesitaba, sin oír voces altisonantes a las que se ponía en la vereda de enfrente y se los rotulaba de traidores.

    El kirchnerismo necesitó, para el armado de su poder, contrastar a unos y a otros, quiénes estaban dentro y quiénes afuera, los que estaban con “nosotros” o que “se pongan en la otra vereda”, blanco o negro… no estaba en la lógica disentir porque se dejaba de ser leal y, sin mediar camino, se era traidor.

    Es evidente que el debate de la Resolución 125 por las retenciones al campo fue un punto de inflexión. El oficialismo propuso discutirla en el Congreso, pero sin modificaciones, sin medias tintas, sin escuchar otros aportes. Allí quedaron en el camino quienes proponían el diálogo y por eso ahora (otrora leales) se convirtieron en traidores en la dialéctica oficialista, para muestra: un Felipe Solá o un Julio Cleto Cobos.

    Esa derrota “por poquito” hizo que el Gobierno se ensimismara aún más y saliera a enfrentar a la oposición poniendo “al proyecto” como escudo para las legislativas del 28 de junio pasado. Tal vez una práctica de otros tiempos que muchos peronistas “de Perón” incluso reconocen, hoy, como atemporal. Pero con el convencimiento de haber hecho las cosas correctamente planteó las legislativas como “la” batalla, sin escuchar otras voces, mostrando los resultados de su política administrativa en lo económico como estandarte que dividiría aguas: lo nuevo o la vieja política.

    Obtuvo el mismo resultado: “por poquito” fue derrotado, pero al ser su segundo resultado adverso, con los grandes medios en contra, ese resultado tomó dimensiones insospechadas. Tan insospechada como ése resultado para el propio oficialismo que, hasta ese momento, veía otra cosa.

    Sabe que aún tiene chances. La Presidenta Cristina Fernández de Kirchner tomó la iniciativa horas después de ese resultado –y se especula con una feroz discusión “interna”-, viró el rumbo y llamó, como le corresponde a quien gobierna a todos los argentinos, al diálogo con los distintos sectores. Claro, había que tener el resultado de las urnas para darse cuenta del ánimo de la gente que, en realidad, no hizo más que confirmar la “sensación térmica” de la calle que se preveía desde hacía meses pero que desde el oficialismo no se advirtió a tiempo.

    La oposición en general, aceptó de buen grado el mensaje de la Presidenta y por estas horas comienza a sentarse con ella para dialogar sobre cuestiones claves para el país, pero con matices.

    “El campo” donde se mezcla la dirigencia de los trabajadores con los terratenientes de siempre, es el sector más conflictivo. Cristina Fernández sabe que es el sector de poder más “peligroso” pero su táctica anterior no dio resultados y por eso ahora deberá consensuar con ellos.

    La oposición política encarnada en la Coalición Cívica, unida para la contienda electoral, ya está dividida al diálogo: los radicales y socialistas se sientan a conversar mientas que el ARI no lo hará. Paradójico lo de Elisa Carrió –líder del ARI- a esta altura de su carrera política, donde deja entrever su eterno doble discurso de pretender unir cuando siempre dividió: en la UCR, en la Alianza y ahora su distanciamiento para el no diálogo con el oficialismo. Ocaña y Stolbizer tendrán, seguramente, historias para contar al respecto.
En tanto, el PJ disidente, el triunfador en las urnas, apoyado en el eje Macri – De Narváez – Solá, intentará mantener la fuerza política lograda tras el 28 de junio, aunque muchos aún lo interpreten como una mera interna con el oficialismo.

    Lo cierto es que el país está ante una nueva oportunidad y depende de la responsabilidad de dirigentes de todos los sectores, no solamente del oficialismo, lograr consensos para que Argentina se encamine a lo que su pueblo se merece.

    El diálogo puede ser el camino, pero el consenso debe ser el resultado. Más vale tarde que nunca. ©ALN

 

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