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Opinión 
Edición: 1356 - Fecha: 12 de Sep, del 2008
EL NEGOCIO DE LA SALUD

Recorriendo mi biblioteca encontré “La historia de San Michelle”, su autor Axel Munthe cuenta su vida como médico. Siendo muy joven lo leí y me impactó su historia. En la obra el autor describe las distintas etapas que atravesó en su profesión.

     Cuando se recibió atendió y ayudó a quienes lo necesitaban prescindiendo de la situación económica del paciente, buscaba cumplir con el juramento hipocrático que efectuó al egresar de la Facultad. Más tarde se despertó en él un fuerte interés monetario y abandonó sus principios, finalmente en su vejez se arrepiente de haber dejado de lado el verdadero sentido de su vocación y escribe el libro.

     En la actualidad la salud se ha transformado en un negocio, ha desaparecido el sentido social, aquellas personas que no disponen de dinero, caen en hospitales destruidos, con carencias de insumos y donde tanto médicos como enfermeros eluden su labor. En otros casos son atendidos por obras sociales dependientes del Estado, donde por lo general los médicos realizan diagnósticos en forma apresurada, sin prudencia, muchas veces contradictorios, que llevan a la perplejidad al paciente.

     No soy más que un observador de las crisis que sufren las profesiones y en especial la medicina, observo la soledad de la persona en su diversidad, su dolor me abre el corazón, detrás de todas las crisis que vive el mundo moderno se encuentra el hombre con un vacío existencial que le ha hecho perder la confianza en la vida.

     Cuando debe concurrir a un consultorio médico, comprueba que al realizar su estudio anatómico olvidan lo específicamente humano; como el amor al prójimo y la conciencia moral. En general desconocen el principio jerárquico del ser, la primacía de lo económico en la que se hallan insertos les hacen olvidar el valor real de su profesión. La medicina ha perdido el sentido de la persona.

     Las grandes épocas de la historia humana fueron aquellas donde la civilización respondía a la jerarquía moral del ser. En el hombre existe una dignidad, no es un ente cuya salud solo sirve para ser explotada, sino que es una persona a la que se debe respeto.

     En el mundo moderno se ha omitido el campo afectivo y moral, Descartes entrevió una nueva civilización, en la que los hombres se pondrían de acuerdo, fundando a partir de la razón una ciencia segura, libre de prejuicios y de valores. Era la proclamación de la neutralidad moral de la ciencia, la ética quedaba entonces fuera de la vida real de la humanidad.

     Hoy la atención de la salud de las poblaciones corre por dos vías: la del hospital público donde los servicios gratuitos son accesibles a los pobres, estos lugares carecen de recursos humanos y pecuniarios. Quienes allí asisten se deslizan rápidamente a la miseria, acompañados por la enfermedad y el desaliento. En estos lugares por lo general solo se los ayuda a morir.

     Cuando la atención médica se halla en las manos de los hospitales u obras sociales se ahonda más aun la brecha entre medicina para ricos y para pobres, esta desigualdad no es un indicador de adelanto social. En cuanto a las obras sociales, el costo administrativo producto de la burocracia resulta muy alto, involucra demasiado papeleo y alguna que otra corrupción, que nunca se deja de lado en la administración pública argentina. Otras vías son las clínicas privadas, pueden disponer de algunos recursos necesarios, pero solo se limitan a tratar pacientes pudientes y son manejadas por manos empresariales cuya prioridad no es la salud sino el lucro.

     La salud manejada en hospitales u obras sociales en donde no existen fines rentables considerables, da por lo general resultados perversos. Es el caso de algunos males que no son tratados por ser costosos. Las cirugías, son manejadas con una premura que escapa a la seriedad de la dolencia, dando el alta al paciente al día siguiente de la operación, sin considerar el tiempo necesario para su recuperación y control.

     El negocio de la salud toma caminos inusitados como ser la convivencia con los laboratorios en los ensayos clínicos, los médicos se transforman en cómplices en las pruebas de nuevos medicamentos, estos pueden ser de altos costos, si bien muchos no son de mayor efectividad ni tolerancia de los ya conocidos, al ser colocados en plaza significan un buen negocio.

     El aparato de marketing de la industria farmacéutica, se encarga que los médicos que los receten reciban variadas atenciones. Los negocios de este tipo se desarrollan a través de visitadores médicos o bien la casa matriz se pone en contacto con los profesionales.

     La salud no es una mercancía cualquiera, sino un bien privado no negociable y de interés público, su cuidado no puede estar supeditado al lucro, pero cuando todo está monetizado la salud es tratada como una mercancía, no como una bendición y un derecho.
Guillermo César Vadillo

 

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