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Opinión 
Edición: 1281 - Fecha: 23 de May, del 2008
La violencia como opción de vida

Dura advertencia de Salvador Dellutri en el reciente y tradicional “Desayuno” en la Iglesia de la Esperanza. Analizó la situación de los adolescentes sin medias tintas; aquí transcribimos los conceptos que consideramos más importantes de su disertación. La discusión planteada con crudeza.

     “El tema de la violencia surgió con mucha fuerza después de los hechos que involucran al ambiente docente. Eso es conmocionante, cuando la violencia se manifiesta ya como lo está haciendo en las escuelas en la forma en que sucedió, tiene que preocuparnos.

    El problema es que estas cosas se hacen habituales después. Hablaba de esto con periodistas y les decía que hay que hablar de eso en este momento porque cuando esto se generaliza ya deja de ser noticia y nadie lo discute. Y cuando la cosa deja de tener impacto mediático parece que desaparece de la sociedad. Y no es que desapareció, sino que el asunto se agravó en tal forma que se hizo cotidiano.

    (…) Este es el problema que yo veo, que del asombro que nos causa la violencia pasamos rápidamente a la indiferencia. Pero además lo que emerge, que es lo que hemos visto, es simplemente la resultante de lo que está pasando. (…) Estos adolescentes violentos no se generaron solos, son el resultado de la sociedad que estamos viviendo, una sociedad en la que crece la violencia sin que nos demos cuenta, como las plantas de nuestro jardín que crecen y como las vemos todos los días no nos damos cuenta, pero finalmente crecieron. La violencia está creciendo y no está solamente metida en los adolescentes.

    En las calles la inseguridad es una forma de violencia; en las rutas hay violencia constante de los que están guiando un automóvil o una moto; en las canchas de fútbol sabemos que la violencia está instalada y no se quiere sacar. No es que no se pueda, Inglaterra pudo, nosotros no podemos, lo que quiere decir que no queremos.

    En las manifestaciones públicas, hemos visto actos de violencia en plaza de Mayo que han quedado totalmente impunes cuando hemos visto quiénes eran los que golpeaban y hacían todo esto.

    Hay violencia en los discursos que escuchamos también. Si los discursos son violentos generan violencia, generan cada vez más división. Hay violencia en las familias donde tenemos grandes problemas, muchas veces escondidas, pero los que trabajamos muchas veces los entretelones del asunto, en eso que no llega a la Comisaría pero sí a la oficina Pastoral, nos damos cuenta que la violencia familiar crece día a día y es realmente preocupante.

    Tenemos violencia económica. Una violencia que se ejerce internacionalmente y todos sabemos de esto. Y una violencia económica de la que los que están trabajando en el comercio o la industria se dan cuenta de que todos los días tienen que salir a luchar contra esos grandes pulpos internacionales que, de alguna forma, están destrozando lo que es el comercio y la industria Nacional.

    (…) La violencia de género, que no es solamente del hombre que le pega a la mujer, es también lo contrario.

    (…) Y uno tiene que preguntarse ¿qué es lo que genera esta violencia?. Yo creo que es un proceso –y me voy a permitir analizarlo sobre lo exterior para no analizar “lo de adentro” para no hacer resquemores-, fíjese lo que ha sucedido con lo del 11 de septiembre, donde todos quedamos consternados con un acto de violencia irracional. (…) Pero resulta que antes de eso hay 100 mil muertos en la Batalla del Desierto, lo que quiere decir que esa violencia que se generó allí es también resultado de una violencia que había atrás. Esto no justifica la violencia y no estoy justificando, yo estoy tratando de explicar que eso no es que alguien se levantó un día y dijo “vamos a tirar las Torres Gemelas porque no me gustan”, sino que forma parte de una cadena de odios que se ha ido generando en la historia.

    (…) El problema de creciente agresividad que nosotros tenemos entre adolescentes en las escuelas no tiene que asombrarnos. (…) El problema de la violencia adolescente tiene una cantidad de manifestaciones que a veces los padres y los educadores ignoran”.

    Cyber-intimidación
“Cuando nosotros éramos adolescentes, una de las formas de descalificarnos era el chiste sobre el otro. En este momento la descalificación nace a partir de la “cyber-intimidación”, es que se ponen de acuerdo algunos contra otro y comienzan a mandarles mails, permanentes, descalificándolo, en tal forma que se han llegado a contabilizar 40 cada 10 minutos, hasta tal punto que se genera en el otro una reacción que después tiene sus manifestaciones en la vida de la educación. Esto lo quieren ignorar las escuelas, los padres y está pasando, y está pasando acá.

    Muchos de estos casos que nosotros hemos visto de violencia, son el resultado de esa cyber-intimidación que los amigos hacían contra él, no es solamente el mote que descalifica al chico cuando está en la escuela que le ponen un sobrenombre que lo denigra, sino es la constante denigración a través de la técnica que permite justamente que esto se potencie. La técnica está potenciando a la agresión. Los videojuegos que tenemos son todos de violencia. Por supuesto que hay una gran discusión sobre si los jóvenes son agresivos porque los videojuegos son violentos o si usan juegos violentos porque son agresivos (…). Lo que sí negamos es a insensibilizarnos frente a la violencia.

    En los EE.UU. cuando entrenaban a sus soldados se los hacía dispara sobre un blanco para que practicaran tiro. Descubrieron que hay una inhibición en la persona cuando sale a la lucha, que puede ser un perfecto tirador pero no tira sobre otra persona, porque todos estamos inhibidos cuando hay un ser humano adelante.

    Comenzaron entonces a romper esto y lo rompieron haciendo que practicaran no sobre un blanco sino sobre siluetas humanas en movimiento para desinhibirlos.

    Hoy los jóvenes con los videojuegos yo no se si generan violencia o no, y los dejo a los psicólogo que lo sigan discutiendo, pero lo que sí genera es una desinhibición frente a la violencia, es decir, están desinhibidos en la agresión al otro. Un jovencito en los EE.UU. atacó a una estación de servicio con un revólver para robar, y de pronto se da vuelta y acribilla al dueño de la gasolinera que estaba ahí. Cuando llegó la policía estaba en crisis y decía “no quise hacerlo, no quise hacerlo…”, y después descubren que estaba gastando importantes sumas de dinero en la semana en videojuegos.

    (…)El cine y la TV también tienen su carga en esto. La violencia aparece como una opción de vida y esto es lo peligroso, como una forma de resolución de conflictos. Lo que sucede es que nosotros, como personas grandes, ya estamos formados y sabemos diferenciar entre una cosa y la otra, pero Víctor Frank decía que cada metro de película para un adolescente es una receta, le está explicando cómo se vive. Y si sus héroes son violentos no podemos pedir que ese joven sea pacífico porque estamos generando en ellos el principio de la violencia.

    Por hora, por TV se ven 7 escenas de violencia, los fines de semana17; 25 escenas de violencia por hora en los programas infantiles y lo que es más alarmante: el 73% de los casos de violencia que presentan el cine y la TV quedan impunes. Lo que quiere decir que la violencia es un camino viable para solucionar un problema.

    Y, por supuesto, detrás de todo esto está el mensaje social, si un grupo violento desplaza, frente a las cámaras de TV a otro grupo a los golpes y después goza de la protección oficial el mensaje es claro. Y yo creo que tenemos mensajes muy claros de que se acepta la violencia. Si hay notorios matones que manejan Secretarías y hacen “aguantes” políticos y todos los conocemos, el mensaje también es claro y esto vale la pena decirlo, vale la pena que lo tengamos en cuenta porque son los mensajes que descienden a nosotros todos los días.
(…) ¿Por qué tenemos tanta violencia? Porque indudablemente estamos frente a un momento ñeque el tejido social se está descomponiendo.

     (…) Y ese tejido social comienza desasociar, como en todo sistema en descomposición, a desasociar los elementos. La familia y la escuela se disocian en nuestro país; los padres mandan a los hijos a la escuela y se desligan de eso, “ahora no es mi problema”. Y cuando el hijo produce un problema “la culpa es de ustedes, no es mía”.
(…) Pero también esto está disociado dentro de la familia. La quiebra familiar que nosotros tenemos y que tiene varios factores (a analizar en otro momento) hace que los problemas de la familia, que se refleja en la generación nueva, busque siempre chivos expiatorios. Y el chivo expiatorio es a quién le puede echar la culpa de lo que le pasa a mi hijo, y se la echo a la escuela, a la sociedad, a los medios… Pero nunca asumimos que el problema de la violencia adolescente está adentro del hogar, hay una autoridad no delegable de la familia.

    (…) Todo lo demás es superable si hay un grupo de contención que realmente contenga al joven para que no se desborde la violencia. ©ALN

 

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