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Opinión 
Edición: 1234 - Fecha: 17 de Mar, del 2008
Políticas inmigratorias

Tras la no admisión de varios españoles que pretendían ingresar a territorio brasileño, se estableció un debate sobre las políticas migratorias de España y Europa y la consecuente reacción de Brasil.

     Luego de las directivas de los funcionarios Brasil de endurecer las políticas migratorias hacia los turistas españoles como respuesta a las fuertes acciones llevadas a cabo por el Estado español y consideradas como xenófobas, en los últimos días alrededor de veinte ciudadanos españoles no fueron recibidos en el país latinoamericano.

    Estos hechos tuvieron lugar tras la llegada de los turistas europeos al aeropuerto internacional brasileño en vuelos de la empresa Iberia. La negativa a la admisión se debió a que Brasil impuso como requisito obligatorio para todos los extranjeros la tenencia de pasaje de vuelta.

    Dicha exigencia no fue cumplida por los mismos, por lo que las autoridades de Brasilia procedieron al impedimento del ingreso en suelo brasileño en cumplimiento de la nueva normativa impuesta, principalmente, en refutación al accionar del gobierno español que días atrás había prohibido la entrada a más de treinta brasileños.

    Esta política llevada a cabo por los funcionarios españoles fue calificada por el gobierno brasileño como xenófoba y merecedora de “medidas de reciprocidad”.

    Por su parte, las autoridades españolas, entre ellas el embajador de España en Brasil, Ricardo Peidró, aseguraron que las medidas tomadas por su Gobierno en el aeropuerto de Baraja no corresponden a actos discriminatorios hacia los extranjeros latinoamericanos sino que se basan en el cumplimiento de la Ley que rige la entrada a la Unión Europea (UE).

    A su vez, desde Brasil si bien se habló de políticas racistas, xenófobas y segregacionistas, el delegado de la Policía Federal Francisco Miguel Goncalves, explicó al periódico `O Folha` que la expulsión de los españoles se produjo por respeto a la ley y no en respuesta a las deportaciones efectuadas desde España.

    El funcionario brasileño afirmó: "No es represalia. Es un trabajo de rutina que pretende impedir la inmigración ilegal y el tráfico de drogas sintéticas y que fue intensificado la semana pasada" y, además, aseguró que los españoles no consiguieron comprobar tener medios para subsistir en Brasil ni lugar donde hospedarse, como exige la normativa.

    Sin embargo, la situación se colmó de reproches y medidas basadas en el despecho y la necesidad de “venganza”, dejando de lado el diálogo y la real preocupación con respecto a lo sucedido.

    Dichos y hechos, tanto de parte de España como de Brasil, debieron ser tratados desde una perspectiva de análisis y reflexión entre ambos gobiernos para conjuntamente encontrar una solución a estos actos de segregación y rechazo.

    Es decir, no se trata de ciudadanos españoles, brasileños o de cualquier otro lugar del mundo, sino que se trata de seres humanos que son coartados en su libertad y manipulados de acuerdo a las maniobras políticas de los gobiernos de turno.

    De acuerdo a la Coordinación Nacional en España de la Red Europea contra el Racismo (ENAR) en un informe que expone la situación del racismo en España, en el marco de la conmemoración del Día Mundial de los Derechos Humanos, la xenofobia se ha acentuado en el país ibérico, reforzada por prejuicios y estereotipos dirigidos principalmente hacia la población extranjera asentada en el país.

    Según lo expuesto por Diego Lorente, titular de la Secretaría General de la Organización SOS Racismo en Madrid, “el maltrato y violencia contra la población migrante en España ha aumentado por parte de las fuerzas de seguridad públicas y privadas y aún no hay leyes sensibles a la discriminación que protejan este tipo de acciones injustas”.

    De esta manera, durante el año pasado, según fuentes oficiales, en el aeropuerto español de Baraja se tramitaron alrededor de 18 mil expedientes de inadmisión, de los cuales más de 2.500 correspondieron a ciudadanos brasileños. Estos ocupan el segundo puesto en rechazos más numerosos luego de los bolivianos.

    Estas persecuciones se han incrementado en gran volumen en los últimos tiempos en los países europeos, sobre todo en España, después de las políticas implementadas por su presidente José Luis Rodríguez Zapatero.

    La memoria española parece haber borrado de su historial la importancia que han tenido las tierras brasileñas durante el siglo XIX y mediados del XX, que han acogido a gran cantidad de españoles que buscaban forjar un mejor futuro en territorio lejano ante la falta de oportunidades que les presentaba su España natal.

    Grandes contingentes hispánicos se instalaron en las ciudades brasileñas, conformando gran parte de la cultura y la ascendencia de Brasil, país que les brindó, al igual que muchos otros países sudamericanos, un lugar dónde asentarse con sus familias y comenzar una nueva vida.

    En esta región, luego de la independencia de la colonia, los inmigrantes españoles principalmente, seguidos por los portugueses e italianos, han conformado una gran porción de la ciudadanía de países como Brasil, Argentina, Uruguay entre otros.

    La mayoría de las familias de inmigrantes españoles viajaban desde sus tierras con pasajes subvencionados por el gobierno brasileño con el fin de trasladarse hacia las plantaciones de café ubicadas en el estado de Sau Paulo y allí comenzar cultivar los suelos.

    Es decir, estas corrientes migratorias pudieron llegar y asentarse en el país latinoamericano gracias a la ayuda y consideración del gobierno que no los expulsó como si lo está haciendo hoy en día el Estado español, dejando de lado la historia y el pasado de su pueblo.

    Sólo hace falta analizar la escasa cantidad de textos y estudios existentes en España que analicen las corrientes inmigratorias hacia Brasil, para poder concluir en que el país europeo no tiene en cuenta que muchos de los brasileños que hoy en día pretenden ingresar en su territorio son parte de esos 15 millones de personas – según estudios oficiales - que poseen ascendencia española.

    Es decir, con el correr del tiempo, la situación de los siglos pasados se ha revertido generando que muchas familias y ciudadanos latinoamericanos busquen en Europa facilidades para saciar las necesidades de diversa índole ante la falta de recursos en sus tierras originarias, tal como lo hacían los españoles en su momento.

    Es de vital importancia remontarse en el tiempo y recalcar cuestiones tales, como la creación de un convenio de seguridad social celebrado el 25 de abril de 1969 por parte del Instituto Español de Emigración y el Instituto Nacional de Inmigração, que estipulaba la existencia de un principio de reciprocidad en todos los beneficios de la seguridad social vigentes, tanto en España como en Brasil.

    Existen cuestiones de fondo que se tienen que analizar. Europa, uno de los paladines de la globalización y la “libre circulación de personas” ha endurecido en gran medida sus políticas inmigratorias, y algunas de ellas llevan claros signos xenófobos. La política implementada por Brasil, si bien puede ser tomada como un acto de reciprocidad, es también una cuestión que está marcada en sus leyes vigentes. Sin embargo, se corre el peligro de entrar en un terreno donde las reciprocidades pueden entrar en una espiral difícil de salir.
(APM)

 

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