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   Viernes, 17 de Noviembre de 2017
Opinión 
Edición: 1230 - Fecha: 10 de Mar, del 2008
El estallido de una larga historia

El escritor inglés G. K. Chesterton decía que el periodismo tiene un problema: siempre cuenta el final de la historia. El éxito de programas como “Mujeres asesinas” y otros similares tal vez se deba a que complementan la información periodística narrando los antecedentes de lo que fue noticia.

     Todo esto viene a cuento porque nos hallamos ante un conflicto internacional entre Colombia, Ecuador y Venezuela que ocupa la primera plana de los diarios, pero es el resultado de una larga historia de dese-ncuentros que culmina cuando el histriónico y verborrágico presidente venezolano, hace una de sus puestas en escena, y estimula un conflicto regional, ávido de protagonismo y tratando de sacar réditos para su delirante sueño bolivariano.

    Las FARC son un grupo terrorista que está accionando desde hace cuarenta y cuatro años y este dato no es menor, porque el paso del tiempo cambia tanto al escenario como a los protagonistas de la historia. Ernest Hemingway retrató con precisión los efectos de estas contiendas prolongadas; en “Por quien doblan las campanas” pinta el conflicto de la guerra civil en España revelando cómo con el paso del tiempo se desgastan los ideales y los combatientes finalmente no saben para qué están luchando y continúan solo porque obedecen a las leyes de la inercia. Los ideales fueron el motor inicial, pero luego empalidecieron absorbidos por los odios y finalmente la lucha se transformó en rutina.

    En la selva colombiana se vive el mismo proceso, los ideales del principio fueron caducando y los intereses espurios prevalecieron. Hoy la mayoría de los guerrilleros de las FARC viven la inercia de la lucha. En cuarenta y cuatro años se gestó una nueva generación que nació y creció con las armas en la mano y la muerte como cotidiana compañera. No conocen otra forma de vida, nacieron en la guerra y no saben manejarse en la paz.

    Visitando las Naciones Unidas, en Nueva York, veíamos las fotos de niños de menos de doce años empuñando ametralladoras en Colombia. Comentaba nuestra anfitriona que una de las mayores preocupaciones es determinar los efectos deformantes que se producen cuando tan tempranamente viven inmersos en un clima de odio y muerte. La gran incógnita que queda flotando es saber si son recuperables y cuáles serían los métodos para reinsertarlos en una sociedad de paz.

    Las relaciones de las FARC y el gobierno colombiano han recorrido en estos años todas las instancias y el desgaste es notable. En el último tiempo Ecuador y Venezuela, con gobiernos de signo opuestos al de Colombia y con un afán desmedido de protagonismo, han comenzado a jugar un ambiguo papel en el conflicto. Hugo Chávez se convirtió motu proprio en interlocutor y mediador de liberación de rehenes, una actitud muy sospechosa sobre todo cuando finalmente pidió que las FARC fueran consideradas internacionalmente como ejército beligerante, lo que cambiaría su estatus actual y le reportaría no pocos beneficios.

    Todo eso convierte a Rafael Correa, presidente de Ecuador y Hugo Chávez, de Venezuela, en sospechosos y la reprobable incursión de Colombia en territorio ecuatoriano, que terminó con la vida de Raúl Reyes, el segundo de los dirigentes de las FARC, se debe a la desconfianza que el presidente Uribe tiene sobre las intenciones y el accionar de ambos mandatarios. La frontera con Ecuador es extensa y porosa, de difícil control, pero es un dato muy importante para tener en cuenta que Raúl Reyes estaba invadiendo el territorio ecuatoriano y había instalado su campamento con toda comodidad y sin ningún temor. ¿Cuál era el camino diplomático que debía seguir el Presidente Uribe para asegurar el éxito de su operación? Todo indicaba que cualquier rumbo diplomático que tomara haría abortar el operativo. Optó por incursionar en territorio colombiano, concretar las operaciones y luego aguantar el chubasco.

    El protagonismo que, como consecuencia de esta acción, toma Chávez deja al descubierto sus aspiraciones hegemónicas. La orden televisada que da al Comandante en Jefe de las fuerzas armadas venezolanas indicando que despliegue al ejército y la aviación en la frontera lo muestran como un típico dictador caribeño. Es evidente que una medida de tal magnitud debe tomarse colegiadamente, luego de una discusión interna en busca de consenso. En este caso Chávez, como Luis XV, dijo tácitamente “el estado soy yo”.

    Esto es un signo muy peligroso en alguien que hace constante referencia al “sueño bolivariano” de unidad territorial y recuerda otro hecho muy significativo, el preámbulo de la Segunda Guerra Mundial que fue la invasión a Polonia.

    Salvador Dellutri

 

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